“La falta de presupuesto nos está llevando a una situación dramática“, advirtieron trabajadores del centenario Instituto de Oncología Ángel Roffo de la UBA, que el pasado jueves realizaron un abrazo simbólico al edificio en defensa del instituto y de los demás hospitales universitarios. Aseguran que la crisis presupuestaria nacional ya está poniendo en riesgo la atención de los pacientes por falta de insumos, porque la maquinaria ya no se puede arreglar y porque los pacientes ni siquiera pueden acceder a los medicamentos oncológicos. En el medio, un congelamiento salarial que se traduce en una “fuga de profesionales“.
El abrazo convocó a profesionales, docentes, no docentes, pacientes y estudiantes a las puertas del edificio del barrio de Agronomía. La problemática generalizada del desfinanciamiento es compartida por todos esos centros de salud, pero cada uno tiene sus particularidades. La situación del Roffo, especializado en oncología, tiene una especial urgencia por las características de sus pacientes.
Federico López Ponsati, delegado de la comisión interna del Roffo, dijo que “ya está en cuestión la atención de nuestros pacientes oncológicos, de sus tratamientos, sus estudios, sus cirugías y hasta el acompañamiento diario a gente que viene de todo el país y que encuentran en el Roffo prácticamente la última instancia de tratamiento y cura a una enfermedad donde el tiempo urge“. “Nuestros pacientes son personas en general de pocos recursos, que vienen de rebotar y de no tener respuestas en el sistema público y sobre todo en el privado, en especial en este ultimo tiempo con los problemas que existen con las obras sociales y la desregulación de las prepagas“, añadió.
Fundado en 1923 como centro de medicina experimental para el tratamiento del cáncer, el instituto es el primer establecimiento oncológico de Latinoamérica. En el año 1952 tomó su nombre definitivo del doctor Ángel Roffo, su primer director, y hoy depende de la Facultad de Medicina de la UBA, al igual que el Clínicas, el Instituto de Investigaciones Alfredo Lanari y el de tisioneumología Raúl Vaccarezza.
Recuerdan que el presupuesto del Roffo, como el del resto de los hospitales universitarios, no tiene ninguna actualización desde noviembre del año pasado, lo que “nos está llevando a una situación crítica y dramática“. “Todo esto ocurre en un contexto donde los insumos son cada vez más caros, a lo que hay que agregar que la falta de presupuesto impide el rápido arreglo de maquinaria y aparatología para estudios y tratamientos. También está afectando a las condiciones edilicias. En el medio de la ola polar tuvimos días sin gas ni agua caliente por problemas edilicios”, señala López Ponsati.
Todo se suma a un virtual congelamiento salarial con sueldos que, en los últimos meses, sólo se actualizaron en cifras cercanas al uno por ciento mensual otorgadas de forma unilateral por el Gobierno nacional, sin negociación paritaria. El último salario, en tanto, los trabajadores lo cobraron directamente sin ningún aumento, y aseguran que acumulan una pérdida del 60 por ciento del poder adquisitivo desde que Javier Milei asumió la presidencia. La situación, advirtió el delegado del Roffo, “está provocando cada vez más una fuga de profesionales, que ya de por sí no abundan, y lo mismo pasa con la formación, porque acá se forman cientos de profesionales, y la investigación, con proyectos a los que directamente se les cae la financiación“.
Pero la cuestión se hace más crítica si se la pone en relación con la situación generalizada de los hospitales públicos, que impacta también en los pacientes oncológicos del Roffo. López Ponsati cuenta, por ejemplo, que trabajan con personas con cáncer que ya no pueden acceder a sus medicamentos, o que acceden a uno solo del cóctel que necesitan para la quimioterapia, mientras que a los otros “no se los brindan o les cierran los programas con los que los asistían”. “Hace unas semanas también se paró la provisión de opioides, así que no estamos recibiendo morfina, metadona, tramadol o medicamentos gástricos que ayudaban a que pase la medicación”, indica y agrega que “los profesionales están dando indicaciones con medicamentos que no se saben si los pacientes van a poder comprar“.
Con el desfinanciamiento y la reciente disolución del Instituto Nacional del Cáncer, en tanto, aparecen otros problemas relacionados, ya que el Roffo era sede de distintos programas de investigación o formación dependientes del Instituto, como el programa de formación en cuidados paliativos que funcionaba allí.
Con información de Página 12

