En una entrevista con el programa El Periodista de Canal 12, el científico Juan Ferrario, coautor junto a la sommelier Karla Johan Lorenzo del libro La ciencia del mate, reveló datos sorprendentes sobre los beneficios de la yerba mate, desde sus efectos sobre el sistema nervioso hasta su potencial rol preventivo en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.
“El mate llegó como un factor secundario”, confesó Ferrario. Su interés por la yerba mate surgió mientras investigaba la enfermedad de Parkinson. Observó que en zonas con alto consumo de esta infusión, la incidencia de la enfermedad era menor.
Esta correlación lo llevó a realizar estudios en laboratorio, donde comprobó que los extractos de yerba mate aumentaban la sobrevida de las neuronas dopaminérgicas afectadas por esta patología. “Tienen una tasa de sobrevida cuatro veces mayor que las de los grupos control”, explicó.
Un posible fármaco
Sin embargo, fue claro en remarcar que no se trata de una cura: “No previene al 100%, pero se cree que podría enlentecer la progresión de la enfermedad”. Investigaciones clínicas en Argentina y Brasil ya habían detectado que quienes consumen mate tienen menos probabilidades de desarrollar Parkinson.
En cuanto a sus propiedades generales, Ferrario aclaró que si bien la yerba mate no es un alimento que nutre como tal, posee una “familia de compuestos orgánicos tremendamente poderosos para la salud”. Entre ellos destacó antioxidantes, cafeína, teobromina y otros principios activos que benefician el funcionamiento celular y ayudan a prevenir enfermedades a largo plazo.

Ferrario también resaltó que el mate podría pensarse como un fármaco, y que “cuanto más se consuma, mejor”, siempre y cuando no se excedan los límites diarios recomendados de cafeína.
Juan Ferrario: “El mate dulce no es mate”
Sobre el modo de preparación, el científico enfatizó la importancia de la temperatura. El agua demasiado caliente puede arruinar los compuestos activos y además “aumenta el riesgo de cáncer”. Aseguró que la temperatura ideal ronda los 80 °C, de modo que “salga por la bombilla a menos de 60”. En tono humorístico pero firme, afirmó: “El mate dulce no es mate”, argumentando que el azúcar oculta el sabor natural de la yerba y aporta un exceso de calorías innecesarias.
En su libro, Ferrario y Johan también abordan la evolución cultural del mate, que, según él, está atravesando un proceso similar al del vino: “Estamos aprendiendo a reconocer sabores, a elegir mejor yerba y a tomar mejor mate”.
Consultado sobre los nuevos formatos de consumo, como píldoras o bebidas industrializadas, Ferrario no descartó su utilidad, aunque reafirmó su preferencia por el consumo tradicional. “Sería muchísimo mejor consumir directamente mate que cápsulas de orégano, por ejemplo”, dijo, en tono crítico hacia ciertos productos de la industria del bienestar.
“Ahora también tenemos fundamentos científicos”
Uno de los momentos más reveladores de la entrevista fue cuando mencionó un hallazgo casi olvidado del Premio Nobel argentino Bernardo Houssay. En documentos recientemente digitalizados, se descubrió que Houssay ya había demostrado en los años 40 que las personas que bebían mate respondían más rápido en tareas cognitivas que cuando consumían solo agua.
Ferrario explicó que esto se debe al aumento de dopamina, el neurotransmisor que participa en la toma de decisiones. “Vale para todos, no solo para deportistas. Son milisegundos de diferencia, pero pueden marcar la diferencia”, afirmó.
Finalmente, advirtió sobre el consumo nocturno de mate por su contenido en cafeína, recomendando optar por “mate lavado” para quienes no quieran resignar el sabor pero necesiten descansar.
Con un enfoque riguroso pero accesible, Ferrario logra acercar la ciencia al ritual cotidiano del mate. “Faltaba explicar todo esto. La tradición está, la cultura está, pero ahora también tenemos fundamentos científicos”, concluyó.

