El perito psicólogo Pablo Soares participó en el programa El Periodista de Canal 12, donde analizó críticamente el uso de la cámara Gesell en entrevistas a niños y adolescentes, señalando que no es la herramienta en sí la que falla, sino la manera en que se opera y se interpreta.
“Soporté la idea de que la cámara Gesell no sirve, pero no es así; el problema son los operadores y cómo intervienen”, afirmó Soares. Explicó que la cámara tradicional, que implica la presencia detrás de un vidrio, está siendo reemplazada por sistemas de circuito cerrado que permiten observar desde otro lugar, lo que facilita el proceso. Sin embargo, subrayó que el éxito depende de aplicar protocolos adecuados para obtener un testimonio válido.
Errores comunes de la cámaras Gesell
Soares enfatizó que, en su experiencia con cámaras Gesell en todo el país, “la gran mayoría no utiliza los protocolos que corresponden”, lo que implica tomar mal el testimonio y, por ende, interpretarlo erróneamente. Criticó que en muchas entrevistas se hacen preguntas inductivas o se trata a los niños como si estuvieran en una terapia clínica, lo que contamina el proceso.
“Es como un perito de balística que recoge una bala con la mano en la escena del crimen: la contamina”, comparó. Además, alertó sobre la falta de formación específica en psicología del testimonio y memoria, áreas fundamentales para interpretar correctamente las declaraciones, algo que definió como “muy deficiente en nuestro país”.

En cuanto a la veracidad de los relatos, Soares reconoció que los niños pueden mentir, pero que es más común que digan cosas que no ocurrieron convencidos de su realidad, producto de la sugestión. “Es como el niño que cree en Papá Noel, no está mintiendo, está diciendo algo que no es real”, ejemplificó.
Por ello, el psicólogo explicó que “no se puede detectar con certeza la verdad o la mentira”, sino más bien identificar relatos construidos o influenciados por terceros. Puso especial énfasis en que “la cámara Gesell no detecta nada; lo hace el humano que interpreta lo que se recoge”.
Respecto a las contradicciones en los testimonios, Soares señaló que “una persona puede contradecirse sin mentir”, ya que todos cometemos errores al recordar, mientras que un relato sin contradicciones no garantiza que sea verdadero. El análisis del relato debe ser posterior a la correcta toma del testimonio.
Sesgo y error judicial
Un punto crítico que destacó fue el sesgo presente en muchas investigaciones, donde se parte de la base de que el niño ya es víctima, lo que conduce a una revictimización y limita la hipótesis de que quizás no lo sea. “Ese sesgo es el que más lleva a error judicial”, advirtió.
Soares coincidió con la existencia de denuncias falsas, aclarando que son “falsas acusaciones”, las cuales pueden ser intencionales o por error. Aseguró que la mayoría se deben a errores de interpretación, como denuncias infundadas contra docentes que son malinterpretados por adultos sin mala intención.
También señaló que estos problemas no son exclusivos de un lugar, sino que ocurren en todo el país, y enfatizó la necesidad de cámaras y protocolos rigurosos para evitar interpretaciones erróneas.
Finalmente, cuestionó la calidad de algunas pericias psicológicas, como las realizadas por videollamada sin rigor científico y con sesgos previos que asumen la culpabilidad sin evidencia concreta. “Los peritos tenemos que basarnos en evidencias y trabajar con hipótesis, no asumir como verdad lo que se dice sin comprobarlo”, concluyó.

