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Tradición y gratitud: la historia de Milena Subizar en la colectividad rusa

La joven abogada representa a la Colectividad Rusa Bielorrusa en la fiesta. Su postulación es un homenaje a su bisabuela, una de las fundadoras de la comunidad. Milena destaca el valor de las tradiciones familiares y la gastronomía como pilares de su herencia. Para ella, el evento es un símbolo de gratitud y unión entre las diferentes culturas.

Milena

A pocas semanas del inicio de la Fiesta Nacional del Inmigrante hoy conocemos a Milena Abigail Subizar Szworak, de veinticuatro años, quien es la actual soberana de la Colectividad Rusa Bielorrusa. Recientemente se recibió de abogada en la ciudad de Posadas, una meta que persiguió desde su infancia. Su familia, a la que describe como trabajadora y sencilla, le inculcó los valores del respeto, el estudio y el esfuerzo. Su núcleo cercano está compuesto por su madre Karina, su padre Marcelo y su hermano Máximo, creciendo muy acompañada por sus abuelos y tíos maternos.

Sus raíces familiares se remontan a su bisabuela, Pelagia(Palaska) Lotocki, originaria de la aldea de Bussani, en una región bajo influencia rusa. Con apenas once años, Lotocki emigró con su familia desde un puerto de Polonia. La travesía se realizó en un barco de carga llamado Kosciuszko, llevando consigo pocas pertenencias y la esperanza de un futuro mejor. Ingresaron a Argentina por el puerto de Buenos Aires en agosto de 1939, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

La familia se estableció en Los Helechos, Misiones, donde comenzaron a trabajar limpiando el monte y cultivando yerba mate, té y tabaco. Milena destaca la perseverancia de su bisabuela: “mi bisabuela caminaba kilómetros hasta Oberá para estudiar corte y confección, siendo una profesión que la heredó de su padre y que luego enseñó a otras mujeres, convirtiéndose en un ejemplo de superación”. A los veinte años, Palaska conoció a Eufemio Szworak, también inmigrante ruso, con quien formó una familia.

Juntos criaron a sus tres hijos, Pedro, Olga y Sonia, con gran esfuerzo. Años más tarde, ya con una vida establecida en Argentina, Palaska se convertiría en una pieza fundamental para la comunidad. “En mil novecientos ochenta y siete, mi bisabuela se convirtió en una de las fundadoras de la colectividad… abriendo las puertas de su propia casa para las primeras reuniones”, relata Milena. Aquella casa fue el lugar donde se estableció el primer comité para la conformación jurídica de la asociación.

Para la familia, la colectividad siempre fue sinónimo de unidad. Milena creció escuchando las historias de su abuelo y viendo fotografías de sus familiares participando activamente. “La colectividad siempre fue sinónimo de familia. Cada vez que visitaba el parque de las naciones me sentía parte; cada traje, cada danza, cada aroma de la cocina rusa me transporta a mis raíces”, afirma. Gran parte de su familia formó parte del ballet de la colectividad, consolidando ese vínculo.

Su motivación para presentarse como soberana nació del deseo de honrar a sus ancestras. “Mi propósito principal era rendir homenaje a mi bisabuela y a las mujeres de mi familia que con amor mantuvieron vivas nuestras tradiciones”. No obstante, al involucrarse, comprendió que el rol significaba algo más profundo. Para ella, ser reina representa el esfuerzo de toda la comunidad y actúa como un puente entre generaciones.

Las tradiciones culinarias ocupan un lugar central en su herencia familiar. En su hogar, muchos domingos se preparan varenikes, unas empanadas de ricota hervidas que se sirven con salsa de cebolla, panceta crujiente y crema. Otros platos emblemáticos son la sopa de remolacha, las empanadas rusas rellenas de carne y el Bef, tiras de carne en una salsa cremosa con mostaza y cebolla. Como postre, el pastel medovik, con base de miel, es una de sus favoritas.

Sobre la Fiesta Nacional del Inmigrante, Milena expresa que siempre significó muchísimo para ella. Considera que el evento es una expresión de memoria y agradecimiento. “Siempre he de agradecer a la Argentina que abrió sus puertas a nuestros ancestros y permitió que sembraran un futuro próspero”. Ella ve en la fiesta la materialización de ese espíritu de apoyo mutuo que caracterizó a los primeros colonos, mostrando cómo culturas distintas pueden unirse y crecer juntas.

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