Cecilia Karlsson, una turista sueca, llegó a Argentina hace aproximadamente cinco días. Su viaje a Sudamérica ya estaba planificado, pero un documental televisivo modificó su itinerario. Este programa mostraba a descendientes de inmigrantes suecos en Oberá y mencionaba la Fiesta Nacional del Inmigrante. La transmisión despertó su curiosidad de inmediato. Decidió incluir la ciudad misionera en su recorrido. Así fue como comenzó su visita al evento mas importante de Misiones.
En dialogo con Canal Doce, Cecilia compartió su experiencia antes de venir. “Me vi un documental sobre los descendientes de los inmigrantes suecos en televisión sueca”. Agregó que, tras investigar en internet, confirmó que la fiesta coincidía con su viaje. “Por eso yo… voy a visitarlo”, enfatizo. Su curiosidad por la preservación cultural fue el motor principal. Quería ver cómo se mantenía viva la tradición sueca a miles de kilómetros de distancia.
Al ser consultada sobre si conocía la existencia de una colonia sueca en Argentina, su respuesta fue clara. “No lo sabía antes, no, no”. La sorpresa fue mayor al presenciar los bailes tradicionales. “Me pongo feliz porque hay bailes que los hice en la escuela cuando era niña”. Esa familiaridad en un contexto tan lejano le resultó conmovedora y a la vez extraña.
A través de los platos típicos Cecilia evocó su infancia
Uno de los momentos más significativos fue probar la comida típica. “Me fui a comer köttbullar”, dijo, refiriéndose a las albóndigas suecas. “Era un poco raro… comer la comida sueca acá”. Destacó que el sabor era “perfecto” y casero, muy diferente al que compra en el supermercado en Europa. Ese sabor la transportó directamente a los recuerdos de su abuela.
El encuentro con miembros de la colectividad profundizó su experiencia. “Cuando hablé con Lucía, ella habla de la misma manera como mi abuela”, confesó Cecilia. Esa conversación, primero por teléfono y luego en persona, la emocionó profundamente. “Quiero hablar más con ella para preguntarle sobre su familia y de qué parte de Suecia vienen”, expresó con genuino interés.

Sobre la Fiesta del Inmigrante, no duda en recomendarla. “Sí, claro, por supuesto”, afirmó. “Me gusta mucho y es muy interesante”. Resaltó la diversidad de elementos que llamaron su atención: las casas típicas, las personas con trajes tradicionales y las tiendas de artesanías. La integración de culturas fue, para ella, el aspecto más valioso de la celebración.

Cecilia trabaja en Dinamarca como maestra de recreación y actividades creativas para niños. Desde allí, intenta mantener sus tradiciones. “Algunas amigas finlandesas y yo tenemos la tradición de Midsommar; hacemos la fiesta en Dinamarca juntas”, contó. Esta vivencia en Oberá le permitió reflexionar sobre la migración y la preservación de la identidad cultural en un mundo globalizado.


