En Profundidad, Misiones, el emprendimiento agropecuario Urunday Pigs avanza con un sistema innovador que combina producción porcina intensiva con sustentabilidad ambiental. A través de biodigestores, la granja convierte desechos en biogás y fertilizantes orgánicos, reduciendo el impacto ambiental y generando energía para autoabastecerse.
El proyecto Urunday Pigs, liderado por el productor Julio Wolhein, lleva más de una década desarrollándose como un emprendimiento familiar en el municipio de Profundidad. La granja no solo se dedica a la cría, recría, engorde y faena de cerdos, sino que busca consolidar un modelo de chacra multiproductiva con bajo impacto ambiental.
En 2024, Wolhein instaló su primer biodigestor de 70.000 litros, capaz de procesar los efluentes de unas 100 madres en producción. Actualmente, la granja cuenta con 60 madres, pero ya trabaja en la construcción de un segundo biodigestor, lo que permitirá ampliar la capacidad de tratamiento de residuos y avanzar hacia la expansión productiva.
“Desde el inicio pensamos en un modelo que no solo produzca carne de calidad, sino que cuide el entorno. Estamos rodeados por el Parque Provincial Urunday y tenemos la responsabilidad de evitar contaminación en arroyos o napas de agua”, explicó Wolhein en una entrevista en LT17 Radio Provincia.

Cómo funciona el sistema de biodigestores
El sistema implementado por Urunday Pigs consiste en canalizar todos los efluentes de la granja hacia una cámara mezcladora que tritura y prepara los desechos para ser degradados en el biodigestor. Allí, en un proceso anaeróbico, bacterias producen biogás y un subproducto líquido denominado biol.
El gas generado se utiliza para calefaccionar las instalaciones, cocinar, calentar agua para la faena y mantener la temperatura de los lechones recién nacidos. En un futuro, cuando se incremente el volumen de producción, podrá alimentar un grupo electrógeno e incluso inyectarse en la red eléctrica, como ocurre en países vecinos como Brasil.
El biol, en tanto, se acumula en reservorios con geomembranas y luego se aplica como fertilizante natural en huertas y pasturas, cerrando un ciclo de economía circular que reduce al mínimo la contaminación ambiental.
Innovación al servicio de la producción
La propuesta de Urunday Pigs responde a un doble desafío: aumentar la competitividad de la producción porcina misionera y garantizar la protección de recursos naturales en un área de alta sensibilidad ambiental.
En términos económicos, la granja procesa actualmente entre 10 y 20 capones semanales, comercializados en Profundidad y Candelaria, con la expectativa de ampliar mercados en la medida en que crezca el número de madres reproductoras.
La inversión es 100% privada y busca reinvertir las utilidades en infraestructura. “La idea es crecer sin resignar calidad. Producimos con genética de alto rendimiento y alimentos premium, lo que nos permite ofrecer carne diferenciada”, señaló Wolhein.
Además, el modelo apunta a convertirse en un referente en innovación tecnológica agropecuaria en Misiones, demostrando que es posible producir carne, generar energía limpia y reducir el impacto ambiental en un esquema integrado.

Hacia un polo agroecológico en Misiones
Urunday Pigs planea consolidarse como un emprendimiento modelo en producción porcina sustentable. La instalación de un segundo biodigestor permitirá avanzar en la ampliación del plantel de madres y en la capacidad de autoabastecimiento energético.
El proyecto se inscribe en un debate más amplio sobre el uso de biodigestores en la producción agropecuaria argentina, donde todavía hay un bajo nivel de adopción en comparación con Brasil y otros países de la región.
“La innovación no tiene que estar reñida con el campo misionero. Este es un ejemplo de cómo los residuos, lejos de ser un problema, se transforman en recursos: energía y fertilizantes para seguir produciendo”, remarcó Wolhein.

