La psicóloga María Martignoni, integrante del equipo de Salud Mental del Hospital Dr. Pedro Baliña, explicó que el centro cuenta con atención psicológica de lunes a viernes por la mañana y los miércoles por la tarde. “Esta atención es del área de psicología, y en caso que se requiera hacer una evaluación con psiquiatría, los pacientes son derivados al Hospital Dr. Ramón Carrillo”, señaló durante una entrevista a Canal Doce. El servicio está destinado a pacientes que acuden por iniciativa propia o por derivaciones desde otras instituciones.
Martignoni precisó que las consultas que llegan al hospital son variadas y abarcan desde casos judiciales hasta problemáticas familiares y emocionales. “Atendemos consultas espontáneas o derivadas, que pueden ser por violencia familiar, trastornos de ansiedad, depresión, conductas autolesivas o trastornos de conducta en los niños”, indicó. También mencionó que, en situaciones específicas, se realizan derivaciones a especialistas en psiquiatría o psicopedagogía según la necesidad de cada paciente.

El hospital trabaja en la detección temprana y la prevención del suicidio
Consultada sobre las señales de alerta ante conductas suicidas, la profesional explicó que los cambios de comportamiento son los principales indicadores. “Por ejemplo, el aislamiento, el retraimiento, los cambios de humor repentinos o la pérdida de interés por las actividades cotidianas”, sostuvo. Agregó que los factores sociales y económicos también pueden influir como “las crisis económicas tienen un gran impacto en las personas y pueden llevar a que alguien sienta que no puede seguir con el malestar o el dolor que está viviendo”.

En relación con la prevención, aseguró que el suicidio “se puede prevenir porque se tiene que hablar, no tiene que ser tabú”. Dijo que el hospital desarrolla desde hace varios años charlas abiertas en la sala de espera y actividades comunitarias en conjunto con otros hospitales y Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS). “Se trata de que hablar del suicidio no sea un tema que irrite o que dé miedo. Antes se creía que hablar del suicidio traía ideas suicidas y se comprobó que no, que hablar ayuda”, puntualizó.
El acompañamiento familiar y social resulta clave en las intervenciones
“Cuando vemos alguna conducta de un paciente o familiar que haya cambiado en el último tiempo, hay que pedir ayuda, no hace falta que sea en un hospital. Se puede acudir al CAPS, al Hospital Carrillo o preguntar en la escuela o el trabajo”, indicó. Recomendó no ignorar las señales y mantener el contacto constante: “Si veo que algo anda mal, hay que insistir, no hay que quedarse quietos”.
Sobre el rol de la familia, explicó que acompañar y sostener es fundamental. “El suicida se suicida porque no aguanta el dolor. Lo que tenemos que hacer como familia, instituciones y amigos es aceptar que el otro está sufriendo y tratar de ayudarlo, no dejarlo solo”, expresó. Añadió que en muchos casos “los pacientes se cierran” y que el entorno debe “estar, acompañar y no cansarse de ayudar”. También reiteró la necesidad de hablar abiertamente del tema con niños y adolescentes, para “mostrar que la vida tiene momentos de altibajos y que se puede seguir adelante”.
La posvención se centra en la contención de las familias
Por ultimo, la licenciada sostuvo que el trabajo posterior a un suicidio es tan relevante como la prevención. En ese aspecto, mencionó el reciente caso de Lautaro, el estudiante del EPET N.º 1 en Posadas, que murió la semana pasada. Este chico “tomó una decisión inesperada para la familia y no había señales de alerta”.
Por eso advirtió que “a veces son actos repentinos, decisiones repentinas, no hubo alarmas antes y ese es el gran dolor que queda para los que para los que quedan. Eso lo que hay que trabajar en la posvención después con la familia, el sostener esa red de de amigos, de adolescentes, de poder tratar de buscar una explicación para para tanto dolor”.

