
En tiempos donde el negacionismo vuelve a ocupar titulares —desde los discursos mileicistas hasta el trumpismo recalentado— resulta indispensable volver a mirar hacia los territorios que verdaderamente están haciendo algo por el planeta. Y en el mapa del mundo, Misiones brilla como un faro verde: potencia ambiental sudamericana, bastión de selva viva, agua pura y esperanza.
Mientras algunos destruyen con palabras lo que otros construyen con políticas y convicción, Latinoamérica entera sigue absorbiendo más CO₂ que cualquier otro bloque geopolítico del mundo. Somos el pulmón del planeta, pero también su corazón. Sin embargo, recibimos apenas una décima parte del financiamiento internacional que correspondería a esa tarea colosal. No se trata de un problema de discurso, sino de justicia climática.
En Misiones, el cuidado del agua no es una metáfora ni una consigna: es una forma de vida. Aquí nacen los ríos que dan nombre a la región, aquí el verde no es un color sino una economía. Y en ese contexto, la selva misionera se levanta como el último gran reservorio de biodiversidad de la Argentina, guardando más del 52% de las especies del país. Cada árbol, cada arroyo, cada sonido de la selva es parte de una sinfonía que todavía podemos escuchar si aprendemos a cuidar.
Desde Misiones al mundo, el ECO₂ —primer bono jurisdiccional de carbono del planeta— se prepara para tener voz propia en la COP30, en Belem en plena Amazonía. No vamos a ir a escuchar: vamos a marcar el rumbo del futuro ambiental sudamericano. Porque el futuro no se decreta desde una oficina en el norte; se siembra todos los días en el sur, en la tierra roja, en la selva que resiste y enseña.
En este Día Mundial de la Acción Climática, el mensaje es claro: no hay más tiempo para negar, pero sí todo el futuro para actuar. Un futuro que esta vez, empieza en Misiones.
(*) Ministro de Cambio Climático

