El Gobierno nacional profundizó este martes la desregulación del mercado yerbatero con la publicación del Decreto 812/2025, que redefinió por completo el rol del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La medida, firmada por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Economía Luis Caputo, estableció que el organismo ya no podrá intervenir en la actividad comercial ni fijar precios, y que deberá limitarse a tareas de “verificación de calidad”. Además, el decreto otorgó un plazo de treinta días para adecuar toda la normativa vigente.
El Ejecutivo nacional justificó esta decisión en la necesidad de alinear el funcionamiento del INYM con los lineamientos del DNU 70/2023, que promovió una apertura generalizada de los mercados. Por esa razón, el decreto prohibió al instituto dictar normas que “distorsionen” la oferta y la demanda, y clausuró cualquier atribución vinculada a la regulación de la competencia.
El nuevo enfoque del INYM para el Gobierno nacional
Aunque la medida impactó de lleno en el esquema institucional del sector, también reactivó viejas tensiones entre productores, cooperativas e industriales. En este contexto, el productor y ex miembro del directorio del INYM, Marcelo Hacklander advirtió que las disposiciones “no son para nada alentadoras”. Según afirmó, las señales del Gobierno nacional ya anticipaban este rumbo. “La expresión de la gente de Buenos Aires, las pocas veces que tuvimos chances de hablar con ellos, era que justamente el instituto tenía que ser algo meramente promocional y nada más que eso. Y por lo visto van hacia ese camino”, sostuvo.
Sin embargo, Hacklander consideró que el debate no debería orientarse al cierre definitivo del organismo. A su entender, el país no debería repetir el proceso de reconstrucción institucional que atravesó en los años noventa y en 2001. “Volver a crearlo sería otra vez todo el trajinar que se tuvo allá en los noventa, en el 2001”, señaló, mientras remarcó que existen múltiples factores que no se contemplan al analizar el funcionamiento del sector.
Desajustes en la cadena productiva
En esa línea, explicó que muchos observadores evalúan la actividad desde una mirada parcial. “Todos ven una faceta de esta herramienta, pero ven el árbol y no ven el bosque completo”, afirmó. Por este motivo, calificó la situación como “realmente lamentable para la cadena completa de la yerba mate”, e hizo foco en la desigualdad entre eslabones que persiste incluso en momentos de buena producción.
Para ilustrarlo, se refirió al valor de la materia prima en góndola. “Siempre hablamos de que el valor de la materia prima debería ser un cálculo estimativo del 10% del valor del paquete en góndola. Y hoy terminamos con una situación muy por debajo de eso. Estamos en el 5% del valor del paquete en góndola, y en algunos casos menos que eso aún, el 3%. Los mayores perjudicados fuimos nosotros”, lamentó.
Medidas insuficientes
Con respecto al mercado exportador, Hacklander reconoció que mostró crecimiento en los últimos años, aunque aclaró que ese avance no alcanza para equilibrar el ingreso de los productores. “Es interesante que haya aumentado un buen porcentaje de las exportaciones, pero a su vez no es suficiente, porque las exportaciones que lleguen a cincuenta millones de kilos al año no significan un número tan importante como es el mercado interno”, reflexionó.
Además, mencionó el potencial de los solubles y de las líneas orgánicas y certificadas, cuya demanda creció con fuerza en los mercados internacionales. “Hay un montón de productos a base de yerba mate que por ahí la industria no está tomando como propio, y eso sería interesante que se promocione. Al igual que la producción de yerba mate orgánica y las certificadas”, afirmó. También aseguró que en múltiples ferias internacionales observó un fuerte interés por “las hierbas certificadas orgánicas”, a las que definió como “el boom del mundo”.

