La Asociación Cristiana de Nigeria (CAN) confirmó el número actualizado de víctimas tras una inspección en la escuela mixta St. Mary’s. El reverendo Bulus Dauwa Yohanna, obispo católico de la diócesis de Kontagora, explicó que el primer recuento había sido menor. Sin embargo, nuevas verificaciones revelaron que otros 88 alumnos también habían sido capturados cuando intentaban huir. Así, el total asciende a 315 personas secuestradas.
El secuestro ocurrió en un contexto de creciente violencia. En los últimos días, 25 alumnas fueron raptadas en el vecino estado de Kebbi y un ataque contra una iglesia aumentó la preocupación entre comunidades cristianas. Este clima llevó incluso al presidente estadounidense, Donald Trump, a advertir que podría considerar una intervención militar ante lo que calificó como una escalada de violencia yihadista contra cristianos en Nigeria.
El gobierno nigeriano intenta establecer el número final de víctimas. El gobernador del estado de Níger, Umar Bago, indicó que la policía y el departamento de inteligencia siguen con el recuento y que la cifra oficial se publicará este sábado. Como medida preventiva, las autoridades de Níger, Katsina y Plateau ordenaron el cierre de todas las escuelas. A nivel nacional, el Ministerio de Educación paralizó el funcionamiento de 47 internados de secundaria.
Impacto internacional
La crisis motivó al presidente Bola Tinubu a cancelar sus compromisos internacionales, incluida su participación en la cumbre del G20 en Sudáfrica. La decisión busca concentrar todos los esfuerzos en la gestión de esta emergencia que ya provocó conmoción nacional.
Estados Unidos también elevó el tono diplomático. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, pidió a Abuya “acciones urgentes y sostenidas” para frenar la violencia contra cristianos. La advertencia se produjo durante conversaciones con el asesor de seguridad nacional nigeriano, Nuhu Ribadu, según un comunicado del Pentágono.
Crisis que no se detienen en Nigeria
Nigeria vive desde hace más de una década bajo el impacto de la insurgencia de Boko Haram y de grupos asociados al Estado Islámico. Estos movimientos realizaron secuestros emblemáticos, como el de casi 300 niñas en Chibok en 2014. A la vez, bandas criminales conocidas como bandidos se expandieron en el noroeste y el centro del país. En esas zonas rurales, la baja presencia estatal facilitó secuestros masivos, asesinatos y extorsión.
En 16 años de conflicto, la violencia dejó 40.000 muertos y más de dos millones de desplazados. Con el secuestro de esta semana, Nigeria vuelve a enfrentar una de sus crisis más graves y complejas, mientras las autoridades buscan respuestas y la comunidad internacional exige acciones contundentes.

