La pobreza por ingresos se ubicó en 36,3% y la indigencia en 6,8% durante el tercer trimestre del año, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina. Aunque los indicadores muestran una mejora respecto de 2024, los especialistas advierten que la estabilización macroeconómica aún no se refleja en una recuperación real del bienestar.
El estudio señala que la Argentina atraviesa una etapa de transición marcada por una baja de la inflación y un reordenamiento de precios relativos, pero con una estructura social que continúa tensionada. Para millones de hogares, la vida cotidiana sigue atravesada por ingresos insuficientes, precariedad laboral e inseguridad alimentaria. A eso se suma un nivel de estrés económico que, aunque retrocede levemente, continúa en valores muy altos.
Desde el equipo de investigación explican que la caída en los niveles oficiales de pobreza está influida por cambios en la captación de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares. Con una metodología corregida, la baja habría sido menor. A esto se agrega que las canastas de referencia siguen basadas en consumos de hace dos décadas, lo que distorsiona la lectura del impacto real del encarecimiento de servicios y bienes esenciales.
Profundización de la división
El informe también reconstruye el proceso de desgaste acumulado durante más de diez años. La salida del modelo posconvertibilidad dio paso a un esquema económico que favorece sectores de alta productividad, pero con débil capacidad para generar empleo de calidad. Sin políticas que acompañen esta transición, el riesgo es profundizar la división entre incluidos, vulnerables y excluidos.
El mercado laboral continúa siendo el núcleo del deterioro: la inflación más baja no logró recomponer los salarios reales ni mejorar la formalidad. Hoy, un tercio de los hogares permanece fuera del sistema de seguridad social y las mejoras se concentran en los estratos medios, mientras los sectores muy bajos siguen atrapados en situaciones de cronicidad.
Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran orden, el informe advierte que la estabilización no garantiza movilidad social ascendente ni reducción de desigualdades. La sensación de agobio, angustia y agotamiento persiste, especialmente en los hogares más vulnerables.
Los investigadores concluyen que el país necesita construir un puente entre la estabilización macroeconómica y la inclusión social. La incógnita, afirman, es si el nuevo régimen económico será capaz de generar ese proceso o si terminará administrando un equilibrio social cada vez más limitado.

