En Misiones, la producción de vino artesanal viene de la mano de pequeños elaboradores que mantienen viva una tradición tan noble como laboriosa. Entre ellos se encuentra Adolfo Nienszon de Colonia Mavalle, en San Vicente, quien lleva dos décadas dedicado a transformar las uvas de su chacra en vinos naturales, sin químicos y con un sello profundamente regional.
Nienszon utiliza plantas de Isabela, Niágara y Concord para sus vinos, y cuenta que el proceso “es simple y noble”, porque en cada paso se vuelca la energía y la experiencia acumulada durante años. Explicó que la uva Isabela, por ejemplo, permite obtener dos estilos distintos: un tinto seco y otro abocado. La clave, aseguró, está en el punto en el que se detiene la fermentación, un proceso que dura entre siete y ocho días.
Para el productor, acompañar esa transformación es una experiencia que sigue emocionándolo. Describió que ver cómo el jugo se convierte en vino genera “una sensación enorme” al saber que está elaborando un producto que otros van a disfrutar. A pesar del esfuerzo, confesó que más de una vez pensó en dejar la actividad, aunque amigos y clientes lo convencieron de continuar.
Vino artesanal, una mezcla de tradición, esfuerzo y afecto por la tierra
Nienszon detalló que actualmente produce tres tipos principales: la francesa Isabela, la Niágara rosada y la Niágara blanca. Mencionó además que utiliza un poco de uva Concord para aportar color de forma natural. Subrayó que no agrega químicos en ninguna etapa y que el color proviene exclusivamente de la cáscara. “No hay otro secreto”, afirmó, diferenciando su método artesanal de algunos vinos industriales que intensifican el color artificialmente.

En cuanto a la comercialización, Nienszon comentó que vende principalmente desde su casa y que también lleva sus vinos a la Feria Franca, donde muchos compradores vuelven con damajuanas para recargar. Considera que ese vínculo cercano es uno de los mayores valores del vino artesanal: la relación directa con quienes lo consumen.
Para él, seguir produciendo vino en Misiones es una mezcla de tradición, esfuerzo y afecto por la tierra. Y aunque reconoce que el trabajo es intenso, sostiene que el resultado vale la pena. Su mayor satisfacción es saber que cada botella conserva un método orgánico y familiar que se transmite desde hace años y que hoy forma parte del patrimonio gastronómico de la provincia.

