El cuerpo de Luca Prodan estaba frío cuando Ricardo Mollo apoyó sus manos sobre su pecho. Junto a Germán Daffunchio y Timmy MacKern, el músico entró a la habitación de la pensión de la calle Alsina al 400, en el barrio porteño de Monserrat, y se encontró con una escena que marcaría para siempre la historia del rock argentino. Luca llevaba varias horas muerto. Tenía 34 años.
Era el 22 de diciembre de 1987. Sumo acababa de tocar dos días antes en el estadio de Los Andes, en Lomas de Zamora, en un show atravesado por el deterioro físico evidente de su líder. Pálido, inestable, debilitado por una cirrosis provocada por años de alcoholismo, Luca llegó a ser confundido por la seguridad con una persona ajena al recital. Aun así, subió al escenario y cantó 16 canciones. Antes de repetir “Fuck You”, dijo una frase que con el tiempo adquiriría un tono premonitorio: “Ahí va la última”.
No volvió a ser visto con vida.
La noticia de su muerte se propagó de inmediato. Un periodista del diario Crónica ya estaba en la puerta de la pensión cuando los integrantes de Sumo comenzaron a llegar, un hecho que generó desconcierto y sospechas entre sus allegados. El cuerpo de Luca, aún con una leve sonrisa, ya estaba rígido.
Nacido en Roma en 1953, hijo de una familia acomodada ítalo-escocesa, Prodan había sido enviado de niño al severo internado Gordonstoun, en Escocia, el mismo al que asistía el entonces príncipe Carlos. La disciplina extrema forjó en él un carácter rebelde. Tras huir del colegio y ser buscado por Interpol, se instaló en Londres, donde se sumergió en la escena punk, trabajó en una disquería de la que fue despedido por robar discos y formó su primera banda.
El suicidio de su hermana Claudia en 1979 lo empujó a un consumo cada vez más extremo de heroína, que lo llevó a un coma hepático. Buscando salvarlo, su amigo Timmy MacKern le envió una foto de las sierras cordobesas. Esa imagen fue decisiva: Luca llegó a la Argentina en 1980 y se instaló en Nono. Entre Córdoba y el conurbano bonaerense nacería Sumo, una banda que revolucionó el rock local en plena recuperación democrática.
La muerte de Luca
La muerte de Prodan cerró abruptamente una discografía breve pero influyente: Corpiños en la madrugada, Divididos por la felicidad, Llegando los monos y After Chabón. También dio origen a dos grupos fundamentales: Divididos y Las Pelotas.
El parte oficial indicó que murió por un paro cardiorrespiratorio producto de una hemorragia interna causada por la cirrosis. Sin embargo, con los años surgieron otras versiones. Enrique Symns habló de una sobredosis de heroína; Roberto Pettinato mencionó metadona; y el documentalista Roberto Espina aseguró que había descartado restos de droga de la habitación tras la muerte.
Para evitar una autopsia y nuevas especulaciones, el entorno de Sumo recurrió al abogado Albino “Joe” Stefanolo, quien también logró que Luca fuera enterrado en el Cementerio de Avellaneda y no en una fosa común. Allí descansa bajo una piedra traída desde Nono, donde sus seguidores todavía dejan mensajes y botellas de ginebra.
La versión de su novia, Silvia Ceriani, quien afirmó que Luca murió en sus brazos y negó una sobredosis, fue puesta en duda por varios integrantes de la escena under. A casi cuatro décadas de aquel día, la causa exacta de su muerte sigue sin confirmarse.
Luca Prodan se convirtió en mito. Para su hermano Andrea, logró romper la maquinaria simbólica argentina y ocupar un lugar junto a figuras como Maradona y Evita. En la puerta de Alsina al 400 y en su tumba, generaciones enteras siguen rindiendo homenaje al músico que llegó escapando del dolor y terminó cambiando para siempre la música argentina.

