La cultura patagónica despidió este jueves a uno de sus máximos referentes: Rubén Patagonia, cantante, actor y figura esencial en la construcción de una identidad artística ligada al sur argentino. Tenía 69 años y se encontraba internado en Comodoro Rivadavia, donde nació y desarrolló gran parte de su vida. Su muerte generó conmoción en la comunidad cultural y entre quienes encontraron en su obra una expresión honesta de la memoria territorial y los pueblos originarios.
En los días previos, familiares comunicaron que el músico necesitaba donantes de sangre y agradecieron la respuesta solidaria de la comunidad. Ese gesto marcó el afecto que despertó Rubén Patagonia, quien atravesó un cuadro de salud delicado que finalmente no pudo superar.
Rubén Chauque —su nombre real— nació el 2 de julio de 1956 en Comodoro Rivadavia y descendía de tehuelches. Desde 1971 recorrió escenarios con una propuesta que combinó tradición, denuncia, espiritualidad y modernidad. Su canto surgió de la tierra patagónica y se mezcló con instrumentos contemporáneos, generando una estética propia que aproximó la cultura ancestral a públicos diversos.
Además, su búsqueda artística tomó forma en varios discos que marcaron etapas importantes en su carrera. Su debut discográfico ocurrió en 1979 con Más Acá del Colorado y luego continuó con títulos como Miremos al Sur, Ay, Patagonia, Cutral-Có —producido por Ricardo Iorio—, Volver a Ser Uno —producido por León Gieco— y Historias, editado en 2006. Cada obra consolidó un mensaje político y cultural que reivindicó a los pueblos originarios en un país que pocas veces los ubicó en el centro del relato.
Mientras tanto, en 1984 creó el taller didáctico “Volver a Ser Uno”, orientado al reencuentro con las culturas originarias de la Patagonia. En esa experiencia trabajó con elementos mapuche, aonikenk y selk’nam, según detalló ADNSur, y brindó herramientas educativas que trascendieron escenarios y públicos convencionales.
Rubén Patagonia también integró el cine nacional e internacional como actor. Actuó en La película del Rey (1986), de Carlos Sorín, una obra premiada en festivales internacionales. Luego participó en otras producciones, entre ellas La eterna sonrisa (Estados Unidos), junto a Daniel Day-Lewis; De los Apeninos a los Andes (Italia), con Giuliano Gemma, Luis Brandoni y Patricio Contreras; El navegante y los cóndores (Francia); y El Camino (2000). Esa trayectoria amplió su alcance y lo presentó ante audiencias fuera del país.
Su obra musical construyó puentes entre el folklore y el rock. Compartió escenarios y grabaciones con artistas como León Gieco, Almafuerte, Divididos, Flavio Cianciarullo, Lito Vitale, Bersuit Vergarabat y Víctor Heredia. Así integró mundos distintos y fortaleció el diálogo entre lo urbano, lo rural, lo indígena y lo contemporáneo.
Para muchos, Rubén Patagonia no fue solo un músico. Representó un modo de vida y una herramienta cultural para pensar la Patagonia desde adentro, sin folclorizarla ni convertirla en postal turística. Su legado vive en sus canciones, en su mensaje educativo y en una identidad colectiva que hoy reconoce su aporte con dolor, orgullo y gratitud.

