La discusión sobre el rumbo económico argentino vuelve a poner en el centro un dilema histórico. El lugar de la industria y del sistema productivo en un modelo de desarrollo sostenible. En este contexto, el presidente de la Unión Industrial de Santa Fe (UISF), Cristian Fiereder, advirtió que “el ocaso del sistema productivo no es solo un problema sectorial. Sino una amenaza directa a la estabilidad social y al futuro de la clase media”.
“Un país sin industria hipoteca su futuro”, sostuvo el dirigente, al remarcar que la riqueza de una nación no puede medirse únicamente por sus cuentas fiscales. En este sentido, subrayó que la fortaleza productiva y la generación de empleo de calidad son pilares de cualquier desarrollo sostenible.
Los dichos de Fiereder se alinean con lo expresado por la Unión Industrial Argentina (UIA), que el último fin de semana advirtió que, pese a algunas mejoras puntuales, la actividad industrial sigue estancada. Además, continúa condicionada por la debilidad de la demanda y un nivel de producción muy por debajo de los registros previos a 2022.
El titular de la UISF remarcó que quienes invierten y generan empleo comparten una certeza común. “Sin un tejido industrial vivo, no hay crecimiento social posible”, apuntó. Sin embargo, señaló que los últimos años estuvieron marcados por una complejidad creciente que hoy plantea un desafío histórico.

El equilibrio fiscal y sus riesgos para la producción nacional
Uno de los ejes centrales de su análisis apunta a la coyuntura actual. Fiereder observó con preocupación que “en un escenario donde el carry trade vuelve a posicionarse como una herramienta de inversión atractiva, los sectores productivos enfrentan serios obstáculos para crecer”.
Desde su perspectiva, el riesgo es consolidar un esquema donde el rendimiento financiero resulte más tentador que la inversión productiva. Esto termina desincentivando la transformación de materias primas en valor agregado y debilita la base industrial.
El dirigente reconoció que el equilibrio fiscal es un objetivo necesario. Pero advirtió que alcanzarlo sin atender la caída del consumo y los altos costos internos puede dejar a la industria en extrema vulnerabilidad: “Un país con sus cuentas en orden, pero con sus naves industriales vaciándose, es un país que está hipotecando su futuro”.
El documento difundido por la UISF también trazó un recorrido crítico por las experiencias económicas recientes, a las que definió como una “trampa de los extremos”. Por un lado, modelos que buscaron fortalecer la industria a través del mercado interno, pero que enfrentaron limitaciones por inflación y falta de insumos.

Preocupación por la precarización laboral en todo el país
“Competir con el mundo es el objetivo, pero para lograrlo debemos alivianar la mochila que carga el productor local”, afirmó. Sin esa equidad, advirtió, el resultado es un achicamiento del tejido industrial que impacta en el empleo y en la calidad de vida.
El dirigente expresó preocupación por la precarización laboral, donde un solo empleo muchas veces no alcanza y obliga al multitrabajo. Esta dinámica erosiona el bienestar de las familias y debilita la clase media argentina.
Finalmente, Fiereder subrayó que el futuro del país no está únicamente en los recursos naturales, sino en la capacidad de transformarlos con conocimiento. “Si rompemos el vínculo entre la escuela, la innovación y la fábrica, estamos perdiendo nuestra mayor ventaja competitiva”.
Para el titular de la UISF, el desarrollo real surge de la unión entre conocimiento y producción. En este sentido, concluyó que una industria sólida es el único motor capaz de garantizar progreso real y movilidad social.

