La economía argentina atraviesa una etapa de fuerte deterioro que impacta de lleno en la industria nacional y en las economías regionales. Los últimos datos oficiales confirman un cierre de año negativo: 10 de las dieciséis economías regionales se encuentran en retroceso y sectores clave como la industria manufacturera y la construcción continúan sin recuperarse tras un 2024 muy adverso.
Al analizar el desempeño general de la economía, el economista Hernán Letcher advirtió que la actividad muestra “un gran estancamiento que puede ubicarse a principios de 2025 y que continúa hasta el día de hoy”. Según explicó, este freno se observa tanto en el Producto Bruto Interno como en el EMAE, indicador que anticipa la evolución de la economía.
Si bien existen algunos sectores con crecimiento, remarcó que se trata de casos muy puntuales. En ese sentido, señaló que la expansión se concentra “particularmente en el negocio petrolero, en Vaca Muerta, y en una parte de las actividades mineras”, mientras que el resto de la economía presenta serias dificultades.
Al poner la lupa sobre la industria, afirmó que incluso se registraron caídas respecto del mes anterior y que las actividades productivas, especialmente las regionales, atraviesan una crisis generalizada.
La política se distancia de las economías regionales
Entre los rubros más golpeados Letcher mencionó a la vitivinicultura, la yerba mate y el sector lácteo, que atraviesan una situación compleja. “En general, todo lo que tiene que ver con lo productivo hoy está en una situación bastante crítica”, sostuvo, y agregó que lo más preocupante es que “no hay indicios de que ese escenario vaya a modificarse hacia adelante”.
En cuanto a la política económica, el economista aseguró que no se observan señales de un cambio de rumbo por parte del Gobierno nacional. Según expresó, no sólo no hay estímulos para el sector industrial, sino que persiste una postura crítica hacia ese entramado productivo.

En ese contexto, mencionó el impacto que tuvo el cierre de empresas textiles históricas y cuestionó la idea de que estas firmas no hayan tenido competencia a lo largo de décadas. “Es muy difícil sostener ese argumento cuando uno sabe todo lo que pasó en el país en los últimos cien años”, afirmó.
Lecher explicó que los sectores textil y del calzado son especialmente sensibles a la caída del consumo. “Son las primeras actividades a las que les pega cuando se retrae el poder adquisitivo”, indicó, y aclaró que, aunque suelen recuperarse rápido en contextos favorables, hoy la crisis es mucho más amplia y alcanza a casi todos los sectores.
Enumeró conflictos y cierres en ramas como la petroquímica, hidrocarburos, forestal, alimentos, lácteos, frigoríficos, electrónica, metalurgia, automotriz, comercio y servicios, lo que refleja un deterioro transversal del aparato productivo.
El impacto en el empleo
El impacto en el empleo aparece como uno de los puntos más delicados. Frente al argumento oficial de la “destrucción creativa”, según el cual los puestos de trabajo perdidos serían absorbidos por sectores más dinámicos, Lecher fue categórico: “Esto es falso por el perfil económico que se va consolidando en la Argentina”.
Explicó que industria, construcción y comercio concentran alrededor del 50% del empleo, mientras que actividades como la minería y los hidrocarburos apenas representan el 2%, por lo que resulta imposible que compensen la pérdida de puestos de trabajo.
“Dos actividades que generan el 2% del empleo no pueden absorber los despidos de sectores que generan la mitad de los puestos de trabajo del país”, subrayó, y añadió que además se trata de actividades geográficamente concentradas, lo que limita aún más su capacidad de absorción laboral.
Dudas sobre la medición de la inflación oficial
Otro punto de preocupación es la medición de la inflación. El economista aclaró que el problema actual no radica en la toma de precios, sino en el uso de ponderadores desactualizados. Según explicó, los consumos que definen el índice se basan en estructuras muy antiguas, lo que distorsiona el impacto real de algunos aumentos. “El abuso de la metodología hace que no se perciba la profundidad del cambio en los consumos”, afirmó.

En ese sentido, destacó que rubros como servicios y transporte, que registraron subas muy superiores al promedio durante 2024, tienen un peso menor al real en el índice. Advirtió además que el Gobierno es consciente de esta situación y que la continuidad de la quita de subsidios energéticos profundizará esa distorsión. “Se quiere esconder bajo la alfombra parte del efecto que van a tener estos aumentos sobre el IPC”, sostuvo.
Mientras tanto, la reducción de subsidios en gas y electricidad anticipa un fuerte impacto en las facturas de los hogares, especialmente en las provincias del norte, donde se reducirá drásticamente el consumo subsidiado. Un golpe al bolsillo que, según advirtió el economista, no se reflejará plenamente en las estadísticas oficiales, pero que será claramente percibido por los usuarios.
El panorama económico, marcado por estancamiento, crisis productiva y pérdida de empleo, deja un escenario de alta incertidumbre para los próximos meses, con efectos cada vez más visibles en las economías regionales y en la vida cotidiana de la población.

