En el noreste de Misiones, productores incorporan un sistema de manejo que mejora la sanidad, la uniformidad de las plantaciones y la calidad del fruto. Con el acompañamiento técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), esta innovación fortalece una economía regional con potencial de crecimiento.
El cultivo de ananá avanza gracias a la incorporación del mulching plástico, una tecnología que comenzó a aplicarse hace tres temporadas. Los resultados ya muestran mejoras en la sanidad, la uniformidad y la calidad del fruto, que consolida un esquema productivo más eficiente.
El ananá, fruto tropical de la familia de las bromeliáceas, tiene alto consumo en fresco durante el verano. En Argentina, su producción se concentra casi exclusivamente en Misiones. Aunque la superficie implantada sigue siendo reducida y gran parte del mercado depende de fruta importada desde Brasil y Ecuador.

Modernización y cuidado del cultivo
El técnico del INTA Comandante Andresito, Rodrigo Kramer, explicó que uno de los cambios más significativos fue la adopción del mulching plástico. “No tenemos competencia. El mulching protege el suelo, evita el escurrimiento, reduce la pérdida de nutrientes y mantiene la humedad”, señaló.
El sistema incluye el armado de camellones con arado taipero, fertilización inicial y la incorporación de dolomita antes del plastificado. Según Kramer, este manejo permite mayor precocidad, más hojas y uniformidad en los lotes, además de disminuir la aparición de enfermedades foliares.
El técnico remarcó que la sanidad del cultivo depende también de la correcta selección del plantín. Enfermedades como Fusarium y Phytophthora pueden afectar el rendimiento si no se elige material sano. A estos avances se suma una maduración más pareja y frutas más dulces y de mejor calidad.

El ananá misionero se fortalece con nuevas prácticas de manejo
Desde el INTA Montecarlo, Luis Acuña recordó que el cultivo de ananá se expandió en Misiones en la década de 1970, con las primeras plantaciones en Jardín América y luego en Colonia Aurora. Para Acuña, el plantín es un factor determinante del sistema productivo. “Si presenta manchas marrones, indicio de fusariosis, debe descartarse”, advirtió.
Explicó que la época de plantación varía según el riesgo de heladas, aunque en zonas seguras puede realizarse entre marzo y abril. En este sentido, destacó que la preparación del suelo, el uso de mulching y un plan de fertilización adecuado son claves para inducir la floración mediante etileno y obtener frutos listos en seis meses.
Ensayos recientes del INTA mostraron buenos resultados con el uso de trichoderma, fertilizantes granulados y nano fertilizantes. Sin embargo, Acuña señaló que aún existe una brecha entre las recomendaciones técnicas y las prácticas habituales en algunos campos. “Vimos menos producción y plantas que no llegaban a desarrollarse cuando no se seleccionaba correctamente el plantín”, afirmó.
Con más productores que se suman a este esquema y el acompañamiento técnico sostenido del INTA, el ananá misionero comienza a consolidarse como una alternativa productiva con potencial de crecimiento en el norte de la provincia.

