Tras la pérdida de 920 fuentes de trabajo por el cierre de la fábrica de Fate, se observa la penetración de las marcas chinas en otro rubro más dentro del ecosistema del automóvil. Aunque la situación de Fate arrastre conflictos previos entre ellos problemas sindicales, restricciones para importar insumos y caída de exportaciones, la imposibilidad de competir con fabricantes chinos fue determinante para que Javier Madanes Quintanilla decidiera cerrar la planta de Virreyes.
La advertencia no es nueva. En enero, Martín Galdeano, presidente de Ford Sudamérica, sostuvo que no le sorprendería el cierre de fábricas en el país. Hacía referencia a los costos impositivos que restan competitividad a los vehículos producidos en Argentina frente a otros mercados regionales.

El cupo de híbridos y eléctricos, una señal de alerta
Así como ocurre en el sector de los neumáticos con impacto en plantas como Bridgestone y Pirelli, la preocupación alcanza ahora a la producción automotriz. El cupo de 50.000 autos híbridos y eléctricos que ingresan sin pagar arancel es visto como apenas una parte de una avanzada mayor, impulsada por fabricantes chinos que ya producen en Brasil.
Marcas como BYD, Great Wall y Chery fabrican en el país vecino con la intención de abastecer también al mercado argentino. Desde el sector sostienen que la competencia es bienvenida, pero reclaman igualdad de condiciones en materia impositiva y laboral.
El esquema de ensamble como posible amenaza
Uno de los puntos críticos es el uso de esquemas de ensamble SKD y CKD, que implican traer el vehículo desarmado para pintarlo y ensamblarlo localmente. Este sistema requiere menor inversión, menos superficie industrial y menos personal que la fabricación integral.
Para que un vehículo obtenga el status Mercosur y pueda exportarse sin arancel a Brasil, debe contar con un 50% de integración regional. Sin embargo, al computarse costos de ensamblado y gastos indirectos como contenido local, basta con apenas un 10% de autopartes regionales para cumplir la normativa.
El Acuerdo de Complementación Económica (ACE 14) entre Argentina y Brasil habilita exportaciones con arancel 0% para vehículos considerados Mercosur, lo que abre la puerta a estrategias de integración mínima con alto componente importado.
Riesgo para autopartistas y presión internacional
Si bien nuevos proyectos industriales podrían generar empleo, traer hasta un 90% de componentes importados podría afectar a las autopartistas locales, que dependen de la demanda de las terminales radicadas en el país.

La preocupación por el contenido local no es exclusiva del Mercosur. En Europa, la Comisión Europea analiza exigir que al menos el 70% del contenido de los vehículos eléctricos vendidos en el bloque sea de origen regional para acceder a incentivos, una medida que refuerza la tendencia global hacia mayores exigencias de integración productiva.

