En el barrio Santa Helena de Garupá, Enrique Centurión impulsa un emprendimiento apícola que combina producción bajo monte nativo, agregado de valor y comercialización directa. Desde su sala de extracción, lleva adelante todo el proceso, desde la cosecha hasta el envasado final.
El trabajo comienza en el campo, donde se retiran los cajones con cuadros ya sin abejas. Luego, en la sala de extracción, se realiza la selección y limpieza antes de iniciar el desoperculado, paso clave para liberar la miel de los panales. Una vez desoperculados, los cuadros se colocan en la máquina extractora, donde se centrifugan durante un período de entre dos y cinco minutos. De allí, la miel pasa a los decantadores para su filtrado, garantizando un producto limpio y listo para el consumo.
Tras el filtrado, la miel se almacena en tachos de aproximadamente 75 kilos. Desde allí se envasa para su venta al público en general, tanto en frascos como a granel, abasteciendo también a supermercados, minimercados y panaderías. Uno de los canales de comercialización que más creció es el de los feriantes, con un sistema de reciclado que utiliza botellas PET para el envasado. Esta modalidad permite ampliar el alcance del producto y ofrecer precios accesibles.
Actualmente, Centurión trabaja con 250 colmenas y ya proyecta sumar otras 100 el próximo año. El objetivo es claro: incrementar la producción sin resignar calidad ni pureza. Con una apuesta firme por la apicultura bajo monte nativo y el agregado de valor en origen, el joven productor misionero busca consolidar su marca y garantizar que la miel llegue “de la manera más pura posible” a la mesa de los consumidores.

