La tensión militar entre Islamabad y Kabul alcanzó un punto de aparente no retorno en las últimas horas. Aviones de combate de la Fuerza Aérea de Pakistán lanzaron ataques aéreos sobre la capital afgana, Kabul. Este bombardeo ocurrió apenas horas después de que el Gobierno talibán diera por concluida una contraofensiva fronteriza. Según las fuentes afganas, dicha operación dejó un saldo de 55 soldados paquistaníes muertos.
Ante la gravedad de los hechos, el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, sentenció la situación a través de sus redes sociales. El funcionario afirmó que la nación vecina se ha convertido en un centro de exportación de terrorismo. “Nuestra paciencia se ha agotado. Ahora es una guerra abierta entre nosotros”, declaró Khawaja Asif. Sus palabras marcan el inicio de una fase de hostilidades sin precedentes desde el regreso de los talibanes al poder en 2021.
Por su parte, el Ministerio de Defensa del Gobierno afgano informó sobre sus acciones militares previas. Indicó que su operación de represalia, iniciada tras bombardeos previos de Pakistán que cobraron la vida de civiles, finalizó a la medianoche. La orden de cese la dio el jefe del Estado Mayor afgano. Según el comunicado oficial de Kabul, los combates se produjeron a lo largo de la Línea Durand, la frontera de facto entre ambos países.
El Gobierno talibán detalló los resultados de su ofensiva en la zona fronteriza. Aseguró que los enfrentamientos resultaron en la muerte de 55 soldados paquistaníes. Además, informaron la captura de 15 puestos militares y dos bases paquistaníes por parte de sus fuerzas. El comunicado también mencionó la incautación de decenas de armas pesadas y municiones, así como la destrucción de vehículos blindados. Asimismo, el Gobierno talibán aseguró haber tomado como prisioneros de guerra a un número indeterminado de efectivos paquistaníes capturados vivos durante la ofensiva.
Misión con unidades láser
En cuanto a sus propias bajas, el Emirato Islámico reportó la muerte de ocho de sus combatientes. También informaron sobre heridas en 13 civiles afganos producto de ataques con cohetes paquistaníes. Estos proyectiles impactaron contra un campamento de migrantes situado en la provincia de Nangarhar. La administración de Kabul ofreció detalles sobre la táctica empleada en la operación coordinada en las provincias de Paktika, Khost, Nangarhar y Kunar. Para esta misión, desplegaron las denominadas “unidades láser”. Estos comandos de élite, equipados con tecnología de visión nocturna, realizaron incursiones nocturnas precisas. Estas acciones permitieron el avance sobre las posiciones estratégicas de Islamabad en la frontera.
Pakistán, que denomina a los combatientes talibanes como Khawarij, respondió inicialmente a la ofensiva con artillería pesada. Los ataques paquistaníes se concentraron en los sectores de Chitral y Khyber. Sin embargo, la escalada bélica llegó a su punto álgido con el bombardeo aéreo sobre la ciudad de Kabul. Fuentes gubernamentales y medios locales reportaron la incursión aérea. Confirmaron fuertes explosiones y tiroteos en distintos puntos de la capital afgana.
El Gobierno paquistaní justifica estas acciones militares alegando razones de seguridad interna. Acusa al grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) de utilizar suelo afgano para atacar su territorio nacional. Kabul rechaza sistemáticamente esta acusación paquistaní. En cambio, denuncia constantes violaciones a su soberanía nacional por parte de las fuerzas paquistaníes. Este conflicto en la Línea Durand representa el incidente más grave en la región en los últimos cuatro años. La situación sitúa a ambas naciones al borde de una confrontación regional de consecuencias impredecibles para Asia Central.
El trasfondo de esta crisis se remonta a la herencia colonial británica en la región. El origen del conflicto reside en la imposición de la Línea Durand en el año 1893. Esta frontera de facto fue trazada por el imperialismo para dividir a la nación Pastún. El pueblo afgano nunca ha reconocido esta demarcación. La consideran una herencia ilegal del colonialismo británico. La falta de una demarcación soberana consensuada ha convertido esta zona en un foco histórico de resistencia. También constituye una disputa territorial frente a las pretensiones de control de Islamabad.
A la tensión fronteriza histórica se suma la denuncia actual de Kabul. El Gobierno talibán denuncia constantes violaciones a la soberanía nacional de Afganistán por parte del Ejército paquistaní. Mientras Islamabad justifica sus incursiones aéreas bajo el pretexto de combatir a grupos insurgentes como el TTP, Kabul tiene otra visión. Desde Afganistán se denuncia que estos ataques forman parte de una política de agresión paquistaní. Afirman que esta política victimiza a la población civil afgana. Además, acusan a Pakistán de buscar desestabilizar el proceso de reconstrucción del país tras décadas de ocupación extranjera.
Finalmente, el actual escenario de “guerra abierta” refleja el fracaso de la arquitectura de seguridad regional. Esta estructura se impuso en la zona tras la salida de las tropas de la OTAN en 2021. En un contexto de profunda crisis económica y social interna, las élites militares de Pakistán han escalado el uso de la fuerza. Han avanzado hacia una confrontación directa con Afganistán. Con esta acción, ignoran los llamados a la diplomacia. Esta decisión profundiza una brecha que amenaza seriamente la paz regional y la autodeterminación de los pueblos de Asia Central.

