Un apagón total dejó sin electricidad a los once millones de habitantes de Cuba el pasado lunes, en medio de un deterioro energético estructural y creciente tensión política. El Ministerio de Energía y Minas afirmó que se produjo una “desconexión total” de la red, aunque no hubo fallas en las unidades operativas. Durante la noche comenzó un lento proceso de recuperación.
El director de electricidad, Lázaro Guerra, explicó que se trabaja para reiniciar centrales termoeléctricas, pero advirtió que el proceso debe ser gradual. “Cuando los sistemas son muy débiles, son más susceptibles a colapsar”, señaló.
Al cierre de la jornada, apenas el cinco por ciento de los usuarios en La Habana —unos 42 mil clientes— y algunos hospitales habían recuperado el servicio. El gobierno indicó que priorizaría telecomunicaciones y hospitales, aunque alertó sobre posibles nuevas fallas.

Impacto social de los apagones diarios
Este episodio marcó el tercer apagón de gran escala en cuatro meses, en un contexto de cortes diarios que desgastan a una población envejecida. Residentes relataron pérdidas de alimentos y dificultades para conservar medicamentos.
Expertextos como el profesor de American University, William LeoGrande, señalan que la red eléctrica cubana está “muy por encima de su vida útil” por décadas de falta de inversión. Además, las plantas obsoletas y el uso de combustibles de baja calidad aceleran el deterioro.
En la madrugada del martes, un sismo de magnitud 5,8 frente a la costa oriental añadió presión. El epicentro se ubicó a 49 km de Punta de Maisí y se percibió en Imías, San Antonio del Sur, Santiago de Cuba y Guantánamo, aunque no hubo víctimas ni daños significativos.
Bloqueo estadounidense y sanciones energéticas
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció que la isla no recibe petróleo desde hace más de tres meses, lo que obliga a depender de fuentes limitadas como energía solar y gas natural. En este sentido, la escasez se vincula al bloqueo impuesto por Donald Trump, que sanciona a países que exporten crudo a Cuba. La medida busca presionar al gobierno comunista para que libere presos políticos y avance hacia reformas.
Trump dijo: “Toda mi vida he estado oyendo hablar de Cuba y Estados Unidos. ¿Cuándo iba Estados Unidos a hacerlo? Creo que tendré… el honor de tomar Cuba”. Fuentes citadas por medios estadounidenses señalan que las negociaciones discretas incluyen la posibilidad de mantener el sistema político cubano, pero con un nuevo liderazgo definido por la dirigencia local.

Apertura económica
En paralelo, el gobierno cubano anunció una apertura económica inédita, permitiendo que residentes en el exterior inviertan y sean propietarios de empresas. El viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva Fraga aseguró que “no hay limitaciones” para la participación de la diáspora, en un giro histórico respecto de la desconfianza hacia los exiliados.
La medida busca captar divisas y reactivar sectores clave como agricultura e infraestructura, en medio de sanciones y negociaciones discretas con Estados Unidos. La presión estadounidense se inscribe en una estrategia regional más amplia. Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, Trump endureció su postura frente a gobiernos de izquierda en América Latina.
En enero, una operación militar derivó en la captura del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, lo que interrumpió los envíos de petróleo a Cuba, su principal proveedor. Ese corte profundizó el estrangulamiento energético de la isla, que ahora enfrenta apagones, sanciones y un terremoto en cuestión de horas, en un escenario de máxima incertidumbre.

