En distintos barrios de Posadas, la tradicional libreta volvió a ocupar un lugar central en los comercios de cercanía. El uso del “fiado” se intensificó en los últimos meses como respuesta a la dificultad de muchas familias para cubrir gastos cotidianos.
Doris, comerciante con 30 años de actividad, explicó que la libreta forma parte de la dinámica del barrio, aunque ahora su uso se intensificó. “Siempre estuvo la libreta, pero ahora se usa mucho más que antes”, señaló manifestando las dificultades de las familias para llegar a fin de mes producto de la recesión nacional.
Cada cliente cuenta con su propio registro, donde la comerciante anota las compras. “Yo escribo la libreta, ellos no tienen por qué tocarla. Es una cuestión de confianza”, afirmó. El sistema permite llevar alimentos básicos, desde productos de almacén hasta carne y verduras.
Fin de mes, el momento crítico
Según detalló, la demanda de fiado crece entre el 20 y el 30 de cada mes, cuando los ingresos ya no alcanzan. En ese período, los vecinos recurren con mayor frecuencia al crédito informal para completar sus compras.
“Llega fin de mes, sumo todo y tienen que pagar. A veces no alcanza y queda un saldo”, explicó. En esos casos, la comerciante reduce el crédito disponible para evitar deudas mayores: “Si no me pagan todo, les corto la libreta”.
Además, indicó que no aplica recargos: “No pongo el precio en la libreta. Cuando llega fin de mes, se cobra al valor actual”. Este mecanismo genera cierta incertidumbre en el monto final, aunque los clientes mantienen una referencia aproximada.
Restricciones y dificultades
El acceso al fiado no es generalizado. Doris aclaró que solo ofrece esta posibilidad a clientes habituales y propietarios del barrio. “Tiene que ser un cliente regular. A los inquilinos no les doy”, sostuvo.
También remarcó las dificultades que enfrenta como comerciante. “La gente no llega a fin de mes. A mí me afecta porque ellos a veces no pueden pagar”, expresó. Incluso reconoció que muchos vecinos dejaron de cumplir con sus deudas por falta de dinero.
A diferencia de sus clientes, Doris evita financiarse con proveedores. “Si llega la mercadería, hay que pagar. Si no tengo plata, no hago el pedido”, indicó. Su sostén económico se apoya en ingresos adicionales, lo que le permite mantener el negocio.
El regreso visible de la libreta refleja el impacto de la recesión nacional en las familias, que acuden al comercio del barrio para poder llevar lo básico a su hogar y, de alguna manera, también muestra la empatía de los propios comerciantes, quienes tampoco son ajenos a esta coyuntura que vive el país. El fiado, basado en la confianza, reaparece como una herramienta para sostener el acceso a productos básicos, aunque con límites que impactan tanto en comerciantes como en consumidores.
© Fotografía de portada por Lautaro Barrientos – Canal Doce.

