En los últimos días, escuelas de Chile y Uruguay reportaron amenazas de tiroteos dentro de sus instalaciones, en un contexto que también involucra casos recientes en Argentina. Los mensajes, escritos en baños y espacios comunes, encendieron alertas en comunidades educativas y motivaron respuestas preventivas.
En territorio chileno, más de 60 establecimientos educativos de regiones como La Araucanía y Calama suspendieron clases al menos durante una jornada. Las fiscalías recibieron hasta 14 denuncias en un solo día, en relación con mensajes que advertían posibles ataques.
Uno de los textos detectados señalaba: “Tiroteo mañana segundo bloque voy por los de básica”, una frase que coincide en formato y contenido con otras amenazas registradas en distintos puntos del Cono Sur. Las autoridades avanzaron con investigaciones para determinar el origen de estos mensajes y evaluar riesgos concretos.
Casos en Uruguay y patrón regional
En Uruguay, la situación también generó preocupación tras la aparición de un cartel en una escuela de la ciudad de Minas, en el departamento de Lavalleja. El mensaje indicaba: “No vengan, que les avisé”, lo que derivó en medidas de prevención dentro de la institución.
Los episodios presentan similitudes con hechos detectados en escuelas argentinas, donde se registraron frases como “Esto va a ser una morgue” o “Mañana 15/04 tiroteo”. La repetición de mensajes con estructuras similares refuerza la hipótesis de un fenómeno extendido en la región.
Entre las líneas de análisis, surge la posibilidad de un “trend” viral en plataformas como TikTok, que incentivaría a adolescentes a replicar este tipo de amenazas con fechas específicas, como el 14 o 15 de abril.
Aunque no existen confirmaciones oficiales sobre un origen común, la simultaneidad de los casos y la coincidencia en los mensajes plantean interrogantes sobre la influencia de contenidos digitales en conductas dentro del ámbito escolar.
Las investigaciones continúan en los tres países, con foco en identificar responsables y prevenir situaciones de riesgo. Mientras tanto, las comunidades educativas refuerzan protocolos de seguridad ante una problemática que evidencia alcance regional.

