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Written by 12:00 pm Economía

La mora de las familias se cuadruplicó en un año y golpea más a las fintech que a los bancos

La morosidad en créditos a familias se disparó y alcanzó niveles inéditos en más de 20 años. La brecha entre bancos y fintech suma tensión en un sistema bajo presión.

Encuentro Misionero

El sistema financiero argentino atraviesa un escenario de creciente fragilidad en el frente del crédito, con un aumento significativo de la morosidad que reavivó la disputa entre bancos tradicionales y empresas fintech. Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran señales de mejora, el deterioro en la capacidad de pago de familias y empresas se convirtió en un foco de preocupación tanto para el Gobierno como para el sector privado.

Según datos del Banco Central, en febrero de 2026 la proporción de créditos en situación irregular en el segmento de familias alcanzó el 11,2%, frente al 2,94% registrado un año antes. Este salto, que implica una suba cercana a cuatro veces en apenas doce meses, refleja el impacto de un esquema de crédito que volvió a expandirse en un contexto de ingresos aún debilitados.

Brecha creciente entre bancos y fintech

Más allá del promedio general, el dato que genera mayor inquietud es la diferencia entre los distintos actores del sistema. Mientras los bancos mantienen niveles de mora más acotados, en el universo no bancario —que incluye fintech, billeteras virtuales y financieras— la irregularidad supera el 25% y en algunos casos trepa por encima del 30%.

Esta brecha, que se amplió en el último año, marca una diferencia estructural en la forma en que cada segmento otorga crédito y gestiona el riesgo. En términos agregados, el 14,3% de los préstamos a hogares presenta algún grado de incumplimiento, con un incremento de diez puntos porcentuales en un año.

En este contexto, algunas de las principales fintech del país registraron incrementos notorios en sus indicadores de mora. Casos como el de Mercado Pago muestran un salto significativo, pasando de niveles relativamente bajos a cifras que reflejan el deterioro general del sistema crediticio.

Uno de los factores centrales detrás del aumento de la mora es el costo del financiamiento. En muchos casos, los créditos otorgados por entidades no bancarias presentan tasas considerablemente más altas que las del sistema tradicional, lo que encarece las cuotas y dificulta su cumplimiento.

La dinámica es clara: quienes no acceden al crédito bancario —por criterios más estrictos de evaluación— terminan recurriendo a fintech u otras alternativas, donde el acceso es más ágil pero también más costoso. Esta combinación de tasas elevadas e ingresos limitados genera un terreno propicio para el incumplimiento.

Desde el sector bancario sostienen que esta diferencia de costos impacta directamente en los niveles de mora y advierten sobre un posible efecto contagio en todo el sistema. Del otro lado, las fintech defienden su rol en la inclusión financiera y señalan que operan en segmentos históricamente excluidos del crédito formal.

El consumo y el peso de las deudas

El deterioro también se refleja en los hábitos de consumo. Informes recientes indican que el uso de tarjetas de crédito para compras en supermercados aumentó su participación, pasando del 39% al 43%, lo que evidencia una mayor dependencia del financiamiento para gastos cotidianos.

Al mismo tiempo, cerca del 42% del ingreso de los hogares se destina al pago de servicios, lo que reduce el margen disponible para afrontar deudas. Este contexto presiona sobre la capacidad de pago y explica, en parte, el crecimiento sostenido de la morosidad.

En paralelo, el crédito al consumo registró un salto significativo en sus niveles de incumplimiento, multiplicándose en pocos años y ubicándose por encima de los registros observados incluso durante la pandemia.

Debate regulatorio y tensiones políticas

El avance de la mora también llegó al plano político. En el Congreso existen al menos 29 proyectos vinculados al endeudamiento de los hogares, lo que suma presión sobre un sistema que ya enfrenta tensiones internas.

Especialistas advierten que algunas de estas iniciativas podrían tener efectos contraproducentes si no abordan las causas estructurales del problema, como la falta de información crediticia integrada o las diferencias regulatorias entre actores.

Mientras tanto, el Banco Central comenzó a avanzar en medidas para fortalecer la supervisión de las billeteras virtuales, en un intento por equilibrar las reglas del juego y reducir riesgos sistémicos.

En el trasfondo, el debate refleja una discusión más profunda sobre el rol del crédito en la economía argentina. Con niveles de financiamiento aún bajos en relación al PBI, el desafío no es solo reducir la mora, sino también ampliar el acceso sin comprometer la sostenibilidad del sistema.

En ese equilibrio delicado, la evolución de los próximos meses será clave para determinar si el actual pico de morosidad marca un punto de inflexión o el inicio de una etapa más compleja para el crédito en Argentina.

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