Un total de 328 productores, 17 cooperativas y dos instituciones educativas de Misiones se encuentran abocados a prácticas de transición hacia sistemas productivos más sostenibles. Lo hacen en el marco del programa Crecer Cooperando, impulsado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Fundación Banco Credicoop. La iniciativa contempla la medición de la huella de carbono —un indicador ambiental que mide la cantidad total de gases de efecto invernadero (GEI) que se emiten a la atmósfera— en cultivos de yerba mate y mandioca, y abre la posibilidad de generar certificaciones diferenciadas (es decir, valor agregado), como el sello de producción orgánica.
El proyecto de agricultura regenerativa promueve prácticas enfocadas en mejorar la salud de los suelos, aumentar la biodiversidad, el manejo integrado de plagas, favorecer la captura de carbono y fortalecer la sustentabilidad económica y ambiental de las producciones agropecuarias. En Misiones, el trabajo se concentra principalmente en la yerba mate y la mandioca, dos actividades centrales de la agricultura familiar.
Los resultados y avances de este trabajo fueron presentados recientemente durante un encuentro nacional realizado en el Alto Valle de Río Negro, donde equipos técnicos de distintas provincias compartieron experiencias vinculadas a la transición hacia sistemas productivos más sostenibles.

Impacto en toda Misiones
En la provincia, el proyecto involucra la participación de diez Agencias de Extensión Rural del INTA; el Profesorado en Ciencias Agrarias y Protección Ambiental, de Ruiz de Montoya, y la Escuela de la Familia Agrícola de Andresito. Del total de 328 productores incorporados, 67 forman parte de unidades demostrativas denominadas FARO, mientras que otros 261 productores replican las prácticas y experiencias impulsadas por el proyecto.
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es la medición de la huella de carbono, una iniciativa que se complementa con el Programa de Créditos de Carbono que impulsa el Gobierno de Misiones. Esta herramienta permite cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a cada establecimiento, identificar oportunidades de mejora y valorar prácticas que contribuyen al secuestro de carbono, como la incorporación de árboles, la cobertura permanente del suelo o el aumento de la materia orgánica. Hasta el momento, se realizaron relevamientos y cálculos iniciales en 65 establecimientos productivos, generando información sobre la que se están diseñando estrategias para reducir emisiones y mejorar la eficiencia de los sistemas agrícolas.
Los resultados preliminares muestran que existe un amplio margen para avanzar en prácticas que contribuyan a disminuir el impacto ambiental, especialmente a través de mejoras en el manejo de la fertilización, el incremento de la materia orgánica del suelo y la incorporación de árboles dentro de los sistemas productivos.
Actualmente, el equipo técnico se encuentra realizando la devolución de estos resultados a las cooperativas y productores participantes, acompañando la elaboración de planes de mejora adaptados a cada realidad productiva.
Como parte de este proceso, durante los últimos dos años se distribuyeron más de 18 000 plantines de especies forestales y frutales nativas destinados a fortalecer la arborización de las chacras y promover una mayor biodiversidad en los establecimientos participantes. Además, durante este año está prevista la entrega de otros 13 000 ejemplares. Los plantines fueron aportados por la Fundación Hora de Obrar y el Vivero Hut, en el marco de las acciones de fortalecimiento del proyecto. También se avanzó en la implantación de cubiertas verdes y otras prácticas orientadas a proteger y recuperar los suelos productivos.
Agregado de valor
La coordinadora del proyecto y extensionista del INTA Oberá, Laura Barbieri, explicó que el proyecto también explora las posibilidades de articulación entre la agricultura regenerativa y las certificaciones diferenciadas. “La propuesta de certificación orgánica tiene muchos puntos en común con la agricultura regenerativa y es algo en lo que se está trabajando en Misiones”, indicó.
Los técnicos consideran que la adopción de prácticas regenerativas puede generar oportunidades de diferenciación comercial para productos como la yerba mate, cuya demanda internacional muestra un creciente interés por los atributos ambientales y sociales asociados a su producción.
La presentación realizada en Río Negro permitió mostrar que la experiencia misionera ya trascendió la etapa experimental. Con una amplia red de productores, cooperativas, técnicos y jóvenes rurales involucrados, el proyecto comienza a generar información concreta para construir sistemas productivos más resilientes y preparados para responder a los desafíos ambientales y comerciales que enfrenta la agricultura actual.

