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Written by 8:40 am Notas de opinión

Opinión | Se hace al andar

La política ya explicó la ruptura. Ahora tiene que demostrar para qué sirvió. Passalacqua camina. Y cada paso, en esta nueva etapa, es una respuesta.

Por Sergio Fernández

La política tiene una debilidad: disfruta de las rupturas. Las explica, las interpreta, busca culpables, cuenta quién se fue, quién se quedó y quién tuvo el coraje de cruzar la puerta. Es una etapa inevitable: cuando una estructura que durante dos décadas organizó buena parte de la política provincial empieza a desarmarse, primero hay que entender qué queda en pie. Pero toda ruptura tiene un problema: alguna vez se termina. Cuando se termina, empieza la parte incómoda.

En Misiones, esa frontera ya pasó. Ya se rompió, ya se ordenó. Ahora hay que caminar.

La última semana dejó señales de que el gobernador Hugo Passalacqua entendió que la legitimidad de esta nueva etapa no se construye prolongando la pelea con el pasado, sino mostrando qué puede hacer el Gobierno con las herramientas que tiene. El Presupuesto 2027 es la expresión más concreta de esa decisión. En un escenario nacional de reducción de transferencias, programas y obra pública, Misiones proyectó más de 5,2 billones de pesos y concentró el 63 por ciento en educación, salud y políticas sociales. No es una distribución contable. Es una definición: dos de cada tres pesos para sostener servicios esenciales.

Pero hay otra señal quizás más importante: la Provincia no parece resignada a administrar la escasez. Más del 14 por ciento del presupuesto está destinado al desarrollo económico y aparecen obras de infraestructura financiadas con recursos propios y créditos internacionales. Cuando Nación se retira, la Provincia busca alternativas. No puede reemplazar al Estado nacional, eso sería una fantasía. Pero hay una diferencia entre no poder hacer todo y decidir no hacer nada. Misiones eligió lo primero: terminar el puente sobre el Pindaytí, intervenir rutas, sostener más de 1.800 kilómetros de caminos, construir redes de agua, levantar escuelas y viviendas. No son obras que construyan una épica política. Construyen algo más útil: respuestas.

Quizás allí esté empezando a definirse el nuevo misionerismo. No en la cantidad de dirigentes que se fueron, sino en qué hace el Gobierno cuando alguien tiene un problema. Una resolución del IPRODHA puede parecer insignificante. Pero si una pareja se separa y hay hijos menores, que la vivienda quede en manos de quien ejerce el cuidado puede significar no perder el techo. La vacuna contra el VPH tampoco es una gran bandera política. Pero cuando una dosis cuesta cientos de miles de pesos, garantizarla gratis es una decisión con impacto directo. La política pública, a veces, da sus mejores resultados donde nadie aplaude. Donde nadie corta una cinta. Donde alguien, simplemente, deja de tener un problema. Eso también es gobernar.

Mientras Passalacqua administra hacia adentro, empieza a consolidar otra característica hacia afuera. Misiones parece haber entendido que no necesita elegir entre obedecer a Nación o enfrentarla por sistema. Puede negociar. Puede acompañar cuando conviene. Puede reclamar cuando corresponde. Puede plantarse cuando están en juego intereses concretos. La construcción de Argentina Federal y la bancada de diputados con representantes de otras provincias es una muestra de esa estrategia.

La discusión del IVA para la fécula, harina, fariña y derivados de mandioca fue una primera demostración. La media sanción en Diputados para reducir la alícuota del 21 al 10,5 por ciento no resuelve todos los problemas, pero modifica una situación que durante años perjudicó a una cadena productiva concentrada en Misiones. Un voto puede parecer abstracto en Buenos Aires. Para once establecimientos industriales y diez mil productores, significa otra cosa. Ese debería ser el criterio de una representación provincial: no acompañar por obediencia, no rechazar por oposición. Negociar. Conseguir. Defender.

La presencia de Passalacqua junto a Horacio Rosatti en Posadas, la reunión con el embajador estadounidense, Peter Lamelas y las gestiones por seguridad fronteriza muestran que una provincia rodeada por dos países no puede darse el lujo de cerrar canales de diálogo. La autonomía no consiste en hablar solo con quienes piensan igual. Consiste en poder sentarse con quienes tienen capacidad de decisión sin entregar la propia agenda.

Y en ese escenario aparece Maurice Closs. La foto de un exgobernador acompañando al gobernador en ejercicio tiene un peso que excede el acto. Closs gobernó ocho años. Después quedó fuera de la conversación central del oficialismo. Ahora vuelve, pero no para disputar la conducción sino en un plano mucho más sencillo: el de acompañar. Cuando Passalacqua habla de terminar con los liderazgos absolutos, la presencia de una figura con peso propio que acompaña sin pretender conducir le da contenido a esa idea. La política también puede ser eso: alguien con historia que acepta que el tiempo cambió y que la conducción es de otro. El pasado no desaparece. Solo deja de gobernar.

Y esa diferencia importa. Porque, como se dijo la semana pasada en este mismo espacio, la ruptura solo tendrá sentido si cambian las prácticas.

La política ya tuvo tiempo para explicar la ruptura. Ahora tiene que demostrar para qué sirvió. Eso no se resuelve con discursos ni con fotografías. Se resuelve en el presupuesto, en una ruta, en una familia que conserva su vivienda, en un productor que consigue financiarse, en un vecino que recibe una respuesta, en un senador o diputado que consigue algo concreto para Misiones.

El camino no se recorre mirando el mapa. Se hace al andar. Passalacqua lo sabe. Y la semana que terminó fue una prueba de que la nueva etapa no se trata de tener razón sobre el pasado, sino de construir futuro. Eso, en Misiones, se está haciendo paso a paso.

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