La industria naval argentina atraviesa un cambio de escenario después de varios años de expansión impulsada principalmente por la construcción de barcos pesqueros. Astilleros que llegaron a acumular decenas de clientes en lista de espera hoy entregan sus últimas unidades y no tienen nuevos proyectos confirmados, una situación que anticipa un 2027 complejo para el sector.
Durante los últimos siete años se botaron entre 34 y 37 pesqueros en establecimientos nacionales, lo que permitió recuperar capacidad productiva y reactivar astilleros que habían atravesado períodos de baja actividad. En el caso del Astillero Naval Federico Contessi, por ejemplo, la empresa duplicó su capacidad instalada entre 2019 y 2024 y llegó a tener más de 30 clientes esperando para iniciar sus construcciones.
Ese proceso comenzó a frenarse a medida que cayó la rentabilidad de buena parte de las empresas pesqueras. La actividad mantiene niveles elevados de capturas y exportaciones, pero el aumento de costos, el combustible, la presión tributaria y otros factores redujeron el margen disponible para renovar las flotas, por lo que numerosos proyectos quedaron postergados.
El problema también está relacionado con la competencia de los barcos usados importados. Según explicó Domingo Vito Contessi, cerca del 95% de las embarcaciones incorporadas por las empresas pesqueras durante los últimos años llegó desde el exterior, mientras que los astilleros nacionales deben competir con unidades que ya tienen varios años de navegación y cuyo costo resulta difícil de igualar.
En ese contexto, los constructores navales habían encontrado una oportunidad en los 18 nuevos permisos otorgados para buques poteros destinados a la pesca de calamar. Sin embargo, ninguno de esos barcos será construido en el país: once se fabricarán en astilleros chinos y los otros siete serán unidades usadas importadas, una decisión que profundizó el malestar del sector.
Desde la Federación de la Industria Naval Argentina y la Asociación Bonaerense de la Industria Naval plantean que el problema excede a la actividad pesquera y reclaman una política que considere estratégica a la industria. Sostienen que cada construcción moviliza astilleros, talleres, proveedores, profesionales y trabajadores de distintas especialidades, mientras que recuperar esas capacidades después de perderlas puede demandar años de inversión y formación.
La falta de nuevas construcciones ya comenzó a impactar sobre el funcionamiento de algunas empresas. Contessi redujo un 20% su dotación mínima, intensificó las reparaciones y comenzó a diversificarse hacia la fabricación de yates de aluminio, mientras que Grupo SPI logró reducir su dependencia de la pesca mediante trabajos para otros sectores, incluidos proyectos vinculados con Vaca Muerta.
La industria busca así ampliar sus mercados hacia energía, Oil & Gas, minería, desarrollos offshore, transporte fluvial y otras actividades que puedan sostener la capacidad instalada. Mientras tanto, las entidades empresarias plantean una agenda que incluya financiamiento, competitividad, renovación de flotas, desarrollo de proveedores, incorporación tecnológica y formación de trabajadores para evitar que el actual freno de pedidos termine debilitando una estructura productiva que llevó años reconstruir.

