La crisis en el entramado industrial del país sumó un nuevo capítulo en el partido bonaerense de Tres de Febrero. La firma Covisa, una histórica fábrica dedicada a la producción de vidrios templados ubicada en la localidad de Caseros, cerró sus puertas de manera intempestiva. Así, dejó a 40 trabajadores en la absoluta deriva, sin respuestas sobre su continuidad laboral y con cuatro meses de sueldos adeudados.
La paralización de las operaciones se concretó hace dos semanas mediante una maniobra que los propios operarios calificaron de engañosa. La dirección de la empresa les otorgó una etapa de licencias que resultó ser ficticia. Al momento de reincorporarse a sus puestos de trabajo, se encontraron con las persianas bajas y los candados puestos.
El conflicto en la planta venía gestándose desde hacía más de un año, marcado por demoras e interrupciones en la liquidación de las quincenas que derivaron en la acumulación de cuatro meses de haberes sin abonar, sumado a la pérdida de las coberturas de obra social y seguro de trabajo.
En declaraciones televisivas a C5N, Omar Quinteros, trabajador con 25 años de servicio en la planta e integrante del Sindicato de Empleados del Vidrio, describió la desesperante situación por la que atraviesan los operarios y sus familias. “Nos tienen de rehenes porque no nos despiden, no nos dicen qué va a pasar y nosotros tenemos que comer. Hace cuatro meses que no recibimos una moneda y en la casa los chicos piden pan”, señaló.
Quinteros graficó el impacto de la falta de ingresos en la vida cotidiana y criticó la mirada económica oficial. “No sabemos si vamos a tener dos pesos para el pan, es una angustia familiar terrible. Supuestamente ellos quieren seguir, pero si no hay plata cómo se va a seguir. Ahora nos tocó a nosotros algo que pensamos que nunca iba a pasar, me faltaban tres años para jubilarme y pensé que me jubilaba acá”, subrayó.
En relación a la realidad laboral de la zona y la búsqueda de ingresos alternativos para subsistir, el referente gremial añadió: “Nadie te quiere dar nada porque no hay plata. Hay que changuear, el que tiene coche hace Uber, el que tiene moto en Rappi. Para el gobierno nacional está todo bien, pero para el que vive en Narnia siempre está todo bien”.
La difícil reinserción en un mercado laboral achicado
La incertidumbre golpea con mayor fuerza a los trabajadores de mayor antigüedad, quienes dedicaron más de la mitad de su vida a la fábrica y hoy superan los 50 años de edad, un segmento con marcadas barreras de acceso para la reinserción en la industria formal.
Por ello, obreros de la planta con 28 años de trayectoria expresaron su temor a quedar fuera del sistema productivo tras haber desempeñado toda su vida laboral en la misma rama de actividad, remarcando que en los últimos dos años el nivel de producción de Covisa cayó de forma drástica hasta derivar en la parálisis actual.

