
La Libertad Avanza rechazó el Presupuesto 2027 de Misiones con críticas al endeudamiento, al control del gasto y a las garantías previstas. Pero el proyecto nacional de Javier Milei también contempla un fuerte volumen de financiamiento, mientras la discusión provincial dejó además una señal política: más debate, más participación de los bloques y una apertura que empieza a modificar la dinámica legislativa.
Hay una deuda buena y una deuda mala. Al menos, esa parece ser la conclusión que surge al mirar cómo La Libertad Avanza analiza los presupuestos según quién tenga la lapicera.
En Misiones, los diputados libertarios rechazaron el Presupuesto 2027 y pusieron el foco en la autorización de créditos por $387.000 millones. Durante la sesión, Adrián Núñez sostuvo que “la deuda no es otra cosa que impuestos futuros” y advirtió que no se puede “hipotecar el futuro de nuestros hijos”. También cuestionó las garantías sobre la coparticipación, las facultades otorgadas al Ejecutivo y la posibilidad de que exista una diferencia entre lo que se vota y lo que finalmente se ejecuta.
El planteo puede discutirse. De hecho, discutir la deuda, su destino, sus garantías y los mecanismos de control es parte central de cualquier debate presupuestario. El problema aparece cuando la misma vara no se aplica a todos los presupuestos.
El Presupuesto 2027 de Misiones contempla erogaciones por $5,534 billones. La autorización de crédito representa alrededor del 7% de ese total y está vinculada al financiamiento de obras, dentro de un esquema que incorporó modificaciones y mecanismos de seguimiento durante el tratamiento legislativo. La Cámara finalmente aprobó el proyecto por 34 votos contra 6.
En cambio, el proyecto de Presupuesto Nacional 2027 enviado por Javier Milei al Congreso contempla gastos por $202,1 billones y fuentes financieras por $325,28 billones, de las cuales $324,05 billones corresponden a endeudamiento público e incremento de otros pasivos. La mayor parte de ese financiamiento está vinculada a la atención y renovación de vencimientos de deuda, no a financiar gasto corriente nuevo.
Precisamente ahí está la cuestión.
Si la deuda es, como sostiene Núñez, un “impuesto futuro”, entonces la discusión no puede depender solamente de quién firma el pagaré. Una deuda puede tener distintos destinos, plazos, garantías y condiciones. Puede utilizarse para financiar infraestructura, refinanciar vencimientos o cubrir otras necesidades financieras. Por eso, la discusión seria no debería terminar en la palabra “deuda”, sino empezar allí.
La misma lógica alcanza a las garantías y a los controles.
En Misiones, LLA cuestionó que la Provincia pueda comprometer recursos de coparticipación como garantía y reclamó mayor seguimiento sobre cada operación. En el Presupuesto nacional también existen autorizaciones para operaciones de crédito y administración de pasivos, con facultades específicas para el Ministerio de Economía.
La pregunta, entonces, no es si está bien o mal endeudarse. La pregunta es qué se financia, bajo qué condiciones, con qué controles y qué impacto tendrá sobre las cuentas futuras.
Y esa pregunta debería valer lo mismo en Posadas que en Buenos Aires.
Una discusión que también dejó otra señal
Pero la aprobación del Presupuesto 2027 dejó otro dato político que merece atención.
La votación final fue apenas una parte de un proceso que se desarrolló durante semanas en comisión. Los distintos bloques pudieron formular preguntas, plantear objeciones y promover modificaciones sobre el proyecto original. Algunas de esas observaciones terminaron incorporándose al texto que llegó al recinto.

Eso permite mirar la sesión desde un lugar diferente al de la simple aritmética de los 34 votos contra 6.
El gobernador Hugo Passalacqua puso precisamente el acento en ese recorrido. Después de la aprobación, destacó que todos los bloques pudieron consultar sobre las proyecciones y sostuvo que los aportes de los distintos espacios permitieron construir lo que definió como “consenso real”.
No es un detalle menor.
Durante años, buena parte de la discusión política misionera estuvo asociada a una lógica en la que las mayorías parlamentarias garantizaban de antemano el resultado de las principales iniciativas. La nueva composición de la Cámara, con distintos bloques y sin una mayoría automática, obliga a una dinámica diferente. Movimiento por lo que Viene quedó como un espacio de 17 diputados, mientras que el resto de las bancadas completa un escenario más fragmentado.
El Presupuesto mostró que esa nueva composición puede traducirse en negociación parlamentaria.
Eso no significa que hayan desaparecido las diferencias. Tampoco que exista unanimidad sobre el modelo de provincia, el nivel de gasto, el endeudamiento o el rol del Estado. La Libertad Avanza votó en contra y dejó planteadas sus objeciones. Otros bloques también marcaron diferencias sobre artículos específicos.
Pero el dato político está justamente en que esas diferencias pudieron tramitarse dentro del debate legislativo y, en algunos casos, modificar el proyecto.
Es una suave brisa de apertura. No una revolución institucional ni una ruptura con todo lo anterior. Pero sí una señal de que puede comenzar a instalarse otra forma de relación entre el Ejecutivo y la Legislatura: escuchar, discutir, incorporar y después votar.
Y en ese escenario aparece una paradoja interesante.
Mientras los libertarios cuestionan que en Misiones se discuta el endeudamiento desde una determinada lógica y reclaman controles, el debate nacional muestra que el financiamiento público sigue siendo una herramienta central incluso para un gobierno que convirtió el equilibrio fiscal en uno de sus principales ejes.
La deuda, entonces, merece ser discutida. Pero con la misma vara.
Y el Presupuesto provincial también merece ser leído por algo más que su resultado final: por el proceso que lo construyó.
Porque si realmente comienza a percibirse una apertura en la política misionera, el dato más importante no está solamente en que un presupuesto haya sido aprobado. Está en que, esta vez, hubo más voces alrededor de la mesa, más discusión y modificaciones antes de llegar al recinto.
La política puede seguir teniendo diferencias profundas. Lo saludable es que esas diferencias encuentren un lugar para ser discutidas.
Y que la vara con la que se mide una deuda, un control o un acuerdo no cambie según quién esté sentado del otro lado.

