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Un “barco fantasma” de 107 metros quedó a la deriva por la crecida del río Paraná en Corrientes

La embarcación, que nunca llegó a operar, se desprendió de sus amarras durante el temporal en Corrientes y terminó encallada frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, sin señalización ni custodia.

: Un "barco fantasma" de 107 metros quedó a la deriva por la crecida del río Paraná en Corrientes

Por la crecida del río Paraná y las lluvias extremas que afectan al Litoral, el Uros-Z, un buque de 107 metros de eslora que permanece inconcluso desde hace más de dos décadas, se soltó de sus amarras en el Astillero Corrientes S.A. y recorrió cerca de dos kilómetros a la deriva. La embarcación terminó encallada frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, donde permanece sin señalización ni sistemas de advertencia para quienes navegan por la zona.

La enorme estructura de hierro logró desprenderse durante el último temporal, cuando el aumento del caudal del Paraná y la fuerza de la corriente vencieron las amarras que la mantenían inmovilizada. Según fuentes locales, el casco avanzó sin control hasta quedar detenido en un sector frecuentado por pescadores y embarcaciones de menor porte.

La situación encendió alertas entre quienes utilizan habitualmente ese tramo del Paraná. El barco no cuenta con luces, boyas ni señalización visual, por lo que su presencia representa un riesgo especialmente durante la noche.

La embarcación posee 14,5 metros de manga y 6,70 metros de puntal, dimensiones que la convierten en un obstáculo de grandes proporciones sobre una vía fluvial donde el tránsito de pequeñas embarcaciones resulta cotidiano. Mientras continúa inmóvil frente a la costa correntina, todavía no se informó qué organismo asumirá la responsabilidad de asegurarla o retirarla.

Qué se sabe de su destino en el río Paraná

Detrás del episodio aparece una historia marcada por el abandono y las indefiniciones administrativas. El Uros-Z comenzó a construirse a principios de la década de 1990 como un buque tanque químico equipado con bodegas de acero inoxidable destinadas al transporte de productos industriales.

Sin embargo, la empresa que había encargado la obra entró en concurso de acreedores y el proyecto quedó paralizado. Como parte de un acuerdo posterior, el Estado nacional asumió la propiedad de la embarcación, aunque nunca avanzó con su terminación ni con su retiro del astillero.

En 2018 el mismo casco ya se había soltado de sus amarras y recorrió casi 60 kilómetros a la deriva por el Paraná antes de ser remolcado

Esa situación derivó en un complejo limbo burocrático. El barco nunca obtuvo matrícula porque jamás fue finalizado, una condición que complicó la definición de qué organismo debía intervenir sobre él.

El propietario del astillero, Miguel Gutnisky, describió años atrás las dificultades para encontrar una solución. “Fuimos a la oficina de Bienes del Estado, y nos dijeron que no les correspondía, porque no era un inmueble. Después, en otra oficina encargada de los barcos, nos aclararon que en realidad era un barco en construcción, porque no tiene matrícula, por lo que tampoco tenían jurisdicción”, relató en 2018.

La falta de respuestas se arrastra desde hace décadas. Incluso, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, el astillero firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía que preveía retirar la estructura en un plazo de 60 días. La medida nunca se concretó y el casco continuó deteriorándose a la intemperie sobre la costa correntina.

La escena tiene antecedentes. En 2018, otra creciente rompió los cabos que sujetaban al Uros-Z y la estructura recorrió entonces casi 60 kilómetros por el Paraná antes de ser localizada. En aquella oportunidad, las tareas para controlarlo demandaron el apoyo de otras embarcaciones y la intervención de la Prefectura Naval.

“Si algún gobierno cumplía, esto no hubiera pasado”, lamentó Gutnisky en aquel momento al recordar los reiterados incumplimientos relacionados con el destino de la nave.

Un activo millonario que sigue inmovilizado

Ahora, el deterioro acumulado durante más de 25 años agrega nuevas preocupaciones. Medios correntinos señalaron que el barco permanece en el lugar sin vigilancia permanente y sin anuncios concretos sobre tareas de señalización o remoción.

Pese al estado de abandono, el empresario sostuvo que la estructura todavía conserva un importante valor económico. “Se puede continuar la construcción o venderlo así como está. Tiene un motor nuevo y como iba a ser un buque químico, tiene las bodegas de acero inoxidable, que son carísimas. Todo eso vale millones, es plata del Estado que perfectamente se podría recuperar”, afirmó.

Mientras continúan las crecidas y persisten las condiciones meteorológicas adversas en la región, el Uros-Z sigue varado frente a la costa correntina. La incertidumbre sobre quién debe actuar y qué medidas se adoptarán mantiene abierto un problema que, más de dos décadas después, volvió a emerger junto con las aguas del Paraná.

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