A la precariedad laboral se suma el deterioro de la infraestructura, con cloacas desbordadas, goteras y una plaga de pulgas que obligó a clausurar sectores destinados a recién nacidos. La crisis se profundiza con renuncias masivas de médicos en áreas críticas, salarios congelados desde hace más de una década y hospitales públicos sin insumos básicos.
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