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Con 94 años, Anselmo emitió su voto en Oberá

A sus 94 años, y a pesar de estar exceptuado por ley, Anselmo Rodríguez cumplió con su deber cívico en las elecciones legislativas. Este obereño, cuya vida está marcada por la historia de la inmigración y el crecimiento de Oberá, votó por primera vez en 1949. A lo largo de su vida, atravesó distintos períodos políticos y mantiene que la honestidad es el valor principal para un gobernante. Su voto representa un profundo acto de fe en la democracia y un mensaje de esperanza para las futuras generaciones.

voto

La jornada de este domingo está marcada por historias de compromiso cívico de las mas variadas. Entre ellas, se destaca la del obereño Anselmo Rodríguez, un jubilado de 94 años que, pese a estar exceptuado por ley debido a su edad, decidió concurrir a votar. Su acción representa un profundo sentido del deber y un voto de confianza en el sistema democrático.

La historia de Anselmo se entrelaza con la de muchos inmigrantes que llegaron a la Argentina. Nacido en Paraguay, arribó a este país con su madre siendo un niño pequeño. Durante la década de 1930, su familia buscó en Misiones los beneficios de la salud y la educación pública. Tras establecerse en Oberá, Anselmo realizó estudios técnicos que le permitieron desarrollar una vida laboral activa hasta su jubilación en los años noventa.

Frente a las urnas, Rodríguez manifestó una convicción inquebrantable: “Sí, voté desde el inicio de mi época de ciudadano votante”. “Yo estuve poniendo el sobrecito en la urna con la esperanza siempre de que tengamos un país mejor”, contó. Con una lucidez admirable, el nonagenario reflexionó sobre la importancia de este acto, consciente de que cada elección podría ser su última oportunidad.

Al ser consultado sobre su primera experiencia, recordó: “En el cuarenta y nueve, cincuenta, voté por primera vez”. Aunque los nombres de los candidatos de aquel entonces se le escapaban, su método para decidir su voto permaneció constante a lo largo de las décadas. “Uno tiene que pensar, para eso hay que leer un poco, mirar un poco, escudriñar las tendencias, quiénes son los más potables para decidir los destinos del país”.

Su vida atravesó distintos periodos históricos, incluyendo gobiernos militares y el regreso a la democracia. Sobre esto, realizó una evaluación ponderada. “La democracia, todos los gobiernos que estuvieron en las distintas épocas en el país tuvieron su pro y su contra”. Para él, la clave no reside en una ideología específica, sino en la honestidad de los gobernantes: “Yo califico la honestidad como muy importante para un gobernante”.

Su fe en el sistema democrático permanece intacta, e hizo un llamado a la perseverancia colectiva. “Nuestra sociedad tiene que seguir apostando y defendiendo la democracia como uno de sus principales valores”, afirmó con convicción. Para él, la democracia es fundamental porque “cuando hay democracia en un pueblo, el pueblo está contento”.

Su domingo electoral transcurrió con la sencillez de una rutina familiar: “Como todos los domingos, voy a la casa de mi hijo a comer”. Sin embargo, ese día tenía una parada esencial prevista. “Iremos al lugar donde tenemos que votar y emitir nuestro voto”, definiendo este acto como un derecho y una obligación de toda la ciudadanía.

Finalmente, Anselmo Rodríguez cumplió con su deseo. A sus 94 años, emitió su voto movido por un sentimiento que resume su trayectoria vital y cívica: la esperanza. Su ejemplo demuestra que la participación electoral trasciende la obligación legal para convertirse en un deber moral y un optimismo activo.

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