Cada 21 de julio se conmemora el Día Mundial del Perro, una fecha que destaca la presencia de estos animales en la vida cotidiana de las familias. En muchos hogares, los perros ya no ocupan solo un lugar de compañía: algunos reemplazan vínculos humanos e incluso llegan a cumplir el rol de hijos.

La médica veterinaria Erika Jensen y el psicólogo Juan Brodsky analizaron este fenómeno en una entrevista con El Periodista de Canal Doce. Coincidieron en que la relación con las mascotas cambió de manera profunda. Ese acercamiento también conlleva riesgos cuando se desdibujan los límites entre especies.
“Forman parte de nuestra familia multiespecie, pero no debemos darle características humanas a sus conductas”, sostuvo Jensen. Según explicó, el bienestar animal depende de factores concretos como la alimentación, el entorno y el desarrollo del comportamiento natural de cada especie.

Entre los problemas más frecuentes, la veterinaria mencionó el hiper apego, que aparece cuando el animal no puede tolerar la separación de su dueño. También advirtió que ciertas agresiones o conductas fuera de lugar pueden derivar de una interpretación errónea del vínculo. “Cada especie tiene su lenguaje”, subrayó.
Las emociones y el comportamiento, ejes del bienestar animal
Consultado sobre el aspecto emocional del vínculo, Brodsky remarcó que muchas personas proyectan en sus mascotas un tipo de afecto idealizado. “Se trata de un amor sin ambivalencia. Se juegan cuestiones narcisistas de cada persona”, observó. Para el psicólogo, esto suele darse cuando se intenta llenar un vacío emocional o reemplazar un lazo humano.

Ambos especialistas señalaron que, si bien no hay un modelo único de relación, es clave establecer límites claros. “Que el perro duerma en la cama es una decisión personal, pero si comienza a incomodar, debe revisarse”, indicó Jensen. También recordaron que algunas razas necesitan más espacio físico o estimulación y no deberían vivir confinadas.
Humanizar a las mascotas puede parecer una muestra de cariño, que podría perjudicarlas a largo plazo. Entender su naturaleza, necesidades y lenguaje propio es fundamental para garantizar su bienestar y construir un vínculo sano y respetuoso.

