Durante 40 años, la familia de Diego Fernández Lima vivió con una pregunta sin respuesta. El adolescente desapareció en 1984 en la Ciudad de Buenos Aires y, recién ahora, se confirmó que sus restos estaban enterrados en el patio de un chalet en Coghlan. La propiedad se encuentra junto a una casa donde vivió el músico Gustavo Cerati.

El caso Coghlan y el calvario de los Fernández Lima
“Al día de hoy, mi madre no quiere desinstalar el teléfono de línea y vive mirando la ventana”, relató Javier Fernández Lima, hermano menor de Diego. Recordó que el Estado se negó a buscarlo desde el primer momento. La policía nunca tomó la denuncia. Alegó que el joven se había ido con una mujer y lo encuadró como una fuga de hogar.
El padre, Juan Benigno “Tito” Fernández Lima, se negó a aceptar esa versión. Mantuvo la búsqueda hasta su último día, cuando murió en un accidente de tránsito mientras recorría la zona de Galván y Congreso. En esa misma avenida hallaron los restos de Diego el 20 de mayo de este año.
“Tito” sostenía que su hijo había sido captado por una secta. Mencionaba que, en esa época, operaba una dedicada al contrabando de órganos humanos. Incluso, señalaba a la Iglesia de la Unificación, conocida como secta Moon. Para él, varios jóvenes habían sido “chupados” por la organización, incluido su hijo.
Irma Lima, madre de Diego, nunca abandonó la esperanza. “Lo esperaba todo el día hasta la semana pasada”, contó Javier. Su colaboración resultó clave para resolver el caso. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó la identidad mediante una prueba de ADN con su muestra biológica.
El principal sospechoso
El principal sospechoso es Cristian Graf, amigo de Diego desde preescolar y compañero en la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 36. Vivía en el chalet de Coghlan junto a su familia. Nunca se mudaron. Javier afirmó que su familia no sabía nada de él en aquel entonces.
El fiscal Martín López Perrando citó a declarar a excompañeros de la víctima para reconstruir lo ocurrido. Aunque la causa prescribió, busca esclarecer los hechos. “Muy duro todo. Es una película, no caigo todavía”, dijo Javier, quien planea impulsar la “Ley Diego” para extender los plazos de prescripción en casos de desapariciones.

Cómo sigue el caso: ¿habrá condena?
Según el EAAF, Diego sufrió una “muerte violenta e intento de descuartizamiento”. La directora del equipo, Mariella Fumagalli, describió lesiones compatibles con un objeto corto punzante en la 4.ª costilla derecha y en articulaciones. Explicó que las marcas podrían corresponder tanto a un intento de descuartizar como a maniobras para inhumar el cuerpo.
Pese a la identificación y a los indicios sobre el sospechoso, el paso del tiempo impide una condena judicial. La historia de Diego queda como testimonio de una lucha familiar inquebrantable y como un llamado urgente a revisar las leyes que dejan impunes crímenes que tardan décadas en resolverse.

