El cierre definitivo de PanDanés dejó este viernes más de un centenar de trabajadores sin actividad y puso punto final a una de las cadenas gastronómicas que más rápido había crecido en Buenos Aires. Tras meses de intentar reordenar una deuda superior a los $1.200 millones, la empresa comunicó por WhatsApp a su personal que no debía volver a presentarse a trabajar y anticipó que solicitará su propia quiebra a raíz de la recesión nacional.
Los locales amanecieron con las persianas bajas y sin atención al público. En el mensaje enviado durante la madrugada, la firma reconoció que ya no contaba con los recursos necesarios para sostener la operación. “Hoy tenemos que comunicarles una noticia muy difícil. Como les contamos, Pandanés viene atravesando una situación económica muy compleja. En este último tiempo estuvimos buscando distintas alternativas para poder continuar, pero, lamentablemente, no encontramos una solución que nos permita seguir adelante”, sostuvo la compañía.
La empresa también explicó que la crisis financiera había llegado a un punto crítico. “La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante. Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable”, agregó.

De la expansión acelerada al cierre total
La decisión marcó el final de un recorrido que había comenzado en 2016, cuando la emprendedora danesa Lise Lundme Funch elaboraba pan de centeno de manera artesanal en la cocina alquilada de un hostel de San Telmo. Con el paso de los años, el emprendimiento sumó producción propia, amplió su oferta y ganó presencia en el mercado porteño.
El crecimiento fue vertiginoso. Tras la incorporación del socio Klaus Riskaer Pedersen, la firma expandió su capacidad productiva y comenzó a abastecer restaurantes, hoteles y cafeterías. Más tarde abrió sus propios locales y llegó a operar 25 sucursales, respaldadas por una planta industrial de aproximadamente 1.700 metros cuadrados diseñada para abastecer hasta 50 puntos de venta.
Sin embargo, ese proceso de expansión comenzó a mostrar señales de agotamiento. En su presentación ante la Justicia, la compañía atribuyó el deterioro del negocio a la recesión, la inflación y el incremento de los costos operativos, factores que, según sostuvo, provocaron una caída del consumo superior al 50% respecto de los niveles históricos.
La crisis operativa terminó trasladándose a las finanzas. Al presentarse en concurso preventivo, PanDanés declaró activos por $2.206,6 millones y un pasivo de $1.218,9 millones, aunque reconoció graves problemas de liquidez para afrontar pagos corrientes.
Entre los compromisos más importantes figuraban deudas con Banco Galicia, obligaciones fiscales con Arca, cargas sociales, proveedores y cheques diferidos rechazados. La empresa explicó además que ya no podía sostener los planes de pago impositivos ni cumplir regularmente con los vencimientos que arrastraba.
Durante los primeros meses de 2026 logró mantenerse en funcionamiento e incluso recibió una inyección de capital por parte de la sociedad danesa que integra su estructura accionaria. Sin embargo, los informes de la sindicatura reflejaron un escenario cada vez más ajustado, con ingresos que ya no alcanzaban para cubrir salarios, alquileres, proveedores y obligaciones tributarias.
Una nueva etapa bajo control judicial
Según el último informe disponible, en mayo la firma contaba con 118 empleados, aunque había llegado a superar los 150 trabajadores cuando inició el concurso preventivo. Hasta el momento, el pedido de quiebra todavía no figura incorporado al expediente judicial, pero la empresa ya comunicó internamente el cese de operaciones.
“Por este motivo, Pandanés deja de operar y se solicitará la quiebra de la empresa. Esto significa que a partir de hoy, 2 de octubre, no deberán presentarse a trabajar”, notificó a sus empleados. Más adelante reconoció el impacto de la decisión y señaló que el proceso quedará ahora en manos de la Justicia: “Con la presentación del pedido de quiebra comienza una nueva etapa que ya no depende de nosotros directamente, sino de un proceso judicial”.
Menos de una década después de haber comenzado en una pequeña cocina de San Telmo y apenas unos años después de alcanzar su máxima expansión, PanDanés cerró todos sus locales y dejó abierta una nueva instancia judicial para definir el futuro de la empresa, sus acreedores y sus trabajadores.

