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Cómo era la fosa donde enterraron a Fernández Lima: un informe contradice a Cristian Graf

El informe del EAAF señaló que Fernández Lima fue enterrada en el terreno de Graf, mientras la defensa insistió en cuestionar los límites.

La investigación por el crimen de Diego Fernández Lima, hallado enterrado en un jardín, colocó a Cristian Graf en el centro de las sospechas. Los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizaron estudios clave que ubicaron la fosa en el terreno de la familia Graf. Esa conclusión abrió un escenario de fuertes tensiones judiciales, ya que la defensa del principal acusado buscó cuestionar cada uno de los puntos de la pericia.

El fiscal Martín López Perrando utilizó testimonios de los obreros que encontraron los restos para pedir la indagatoria de Graf por encubrimiento. Sin embargo, el juez rechazó esa citación, lo que expuso la complejidad del caso y las disputas en torno a las pruebas. Aun así, la evidencia científica del EAAF se convirtió en un pilar difícil de derribar.

Las condiciones del cuerpo de Fernández Lima, hallado en la casa de Graf

El hallazgo del cuerpo ocurrió el 20 de mayo, en la vivienda contigua a la de Graf, ubicada en el barrio de Coghlan. En esa casa había vivido el músico Gustavo Cerati, lo que atrajo un interés adicional de la opinión pública. Días después, el 29 de mayo, el EAAF ingresó al predio y comenzó un estudio detallado. Los antropólogos examinaron la fosa funeraria y concluyeron que la víctima había sido enterrada en el terreno correspondiente a la familia Graf.

La excavación se concentró en el límite entre las propiedades de la Avenida Congreso 3748 y 3742. Los peritos localizaron restos óseos dentro de la zona del obrador, aunque los análisis estratigráficos ofrecieron una conclusión precisa. El enterramiento original se encontraba íntegramente en el terreno lindero, hacia el este, fuera de los límites operativos del obrador.

Los especialistas describieron que la fosa presentaba una orientación oeste-este y que su borde occidental estaba en contacto con una medianera artificial. Además, detallaron dimensiones exactas: 1,20 metros de largo, 0,67 de ancho y 0,60 de profundidad. La morfología del corte mostró un único evento de inhumación primaria, lo que descartó entierros múltiples o posteriores.

Por otro lado, los peritos explicaron la aparición de fragmentos óseos dentro del obrador. Señalaron que, con alta probabilidad, se trataba de desplazamientos generados por maquinaria pesada y movimientos de suelo. Esa explicación técnica aclaró que los huesos encontrados allí no indicaban una segunda fosa, sino una alteración secundaria. El EAAF concluyó que “el sitio de inhumación se encuentra íntegramente en el terreno lindero, siendo los restos encontrados en el obrador resultado de una alteración secundaria postdepositacional”.

De esa manera, los expertos descartaron las hipótesis planteadas por la defensa sobre posibles filtraciones de agua que habrían arrastrado los restos. El análisis arqueológico y estratigráfico ofreció un sustento sólido para la acusación fiscal y dejó poco margen a teorías alternativas.

A pesar de ello, Cristian Graf y su abogado, Martín Díaz, intentaron instalar dudas. En declaraciones públicas, ambos señalaron que los restos habían aparecido en la propiedad vecina, no en la de Graf. El abogado sostuvo: “Los restos óseos del joven fueron hallados en la propiedad de al lado. Ese es el primer error; no fueron hallados en la propiedad de Graf”.

Según Díaz, en 1984 los límites entre ambas propiedades no estaban claramente definidos, lo que generó confusión. Planteó que el fiscal debía probar con precisión la ubicación original del cadáver. “Eso lo tenemos que demostrar, pero también el fiscal debe demostrar lo contrario. El fiscal puede decir, ‘tengo el equipo de antropología forense que dice que se encontraron los restos en el parque de la casa de Graf, pero, ¿cómo lo sabe si no sabemos en 1984 cuál era el límite del predio?’”, explicó el letrado.

El propio Graf, en diálogo con TN, repitió esa teoría y buscó defender su inocencia. “Hay que entender que el cuerpo apareció abajo de la ligustrina, porque todos dicen dentro del terreno, bajo un patio, etcétera. No. El cuerpo apareció cuando estaban haciendo las excavaciones, cuando estaban haciendo la medianera”. En su versión, los trabajos de obra y la construcción de una nueva pared habrían modificado la percepción del lugar exacto. “Esta pared es nueva. No había pared, nunca existió, era todo ligustrina con alambre”, agregó.

Las declaraciones del sospechoso y su abogado mostraron una estrategia clara: poner en discusión los límites de la propiedad y cuestionar la solidez de la pericia. Sin embargo, la investigación avanzó con un sustento técnico considerado determinante. El EAAF defendió la rigurosidad de su trabajo y reafirmó que la ubicación de la fosa no ofrecía dudas.

En este escenario, el caso se transformó en una pulseada entre la ciencia forense y las maniobras legales de la defensa. Mientras los fiscales confiaron en la contundencia de la pericia, los abogados de Graf apelaron a las ambigüedades históricas del terreno.

La resolución final dependerá de cómo los jueces valoren la prueba científica frente a los argumentos de la defensa. Lo cierto es que la aparición de Diego Fernández Lima reabrió una herida que permaneció oculta durante décadas y colocó a Cristian Graf bajo la mirada de la Justicia.

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