Un hombre de Merlo acudió a la Justicia tras entregar más de $5 millones y su auto a un grupo de delincuentes luego de ser engañado con una mentira idéntica a la que sufrió el soldado misionero Rodrigo Gómez, quien se quitó la vida durante una guardia en la Quinta de Olivos. Un joven de Florencio Varela, la única pista en el caso.
Dos semanas atrás, una investigación de la División Homicidios de la Policía Federal Argentina reveló que el soldado voluntario Rodrigo Andrés Gómez se quitó la vida de un tiro de su propio fusil en la garita de vigilancia que ocupaba en la Quinta presidencial. Gómez había sido víctima de una particular estafa. Una banda liderada por dos presos del penal de Magdalena montó un verso que comenzó en un match en una app de citas. El joven había contactado a una falsa menor de edad. Luego, fue contactado por su falsa madre. Furiosa, la mujer le anunciaba que lo había denunciado, una denuncia inexistente.

En cuestión de minutos, el soldado dialogaba con otro mentiroso, un ladrón matancero preso que se hizo pasar por un detective de la Policía Bonaerense. Le anunciaba que la causa por pedofilia en su contra ya había comenzado y que, si pagaba, zafaba.
La coima que Gómez pagó fue ciertamente real: en una hora, transfirió $1,4 millones a dos billeteras virtuales. Se disparó en la cabeza a las 5AM del día siguiente.
José dice: “Me hicieron lo mismo a mí. Exactamente lo mismo. Leí la historia de Gómez y me dio pánico. Escalofríos por la similitud de los audios. El mismo apriete del supuesto policía y la misma reacción de la supuesta madre”.
El hombre de 44 años, oriundo de Merlo, padre de familia, pagó mucho más que Gómez a comienzos de enero de este año: giró $5,3 millones en una serie de transferencias, más su Peugeot 206, que le entregó a un desconocido, un tal Ezequiel, en plena noche en la zona oeste.

Luego, denunció su historia en la Justicia, asistido por la abogada Silvia Frank.
José (NdeR: un nombre de fantasía empleado en esta nota para proteger su identidad) intenta excusarse. “Vengo de una separación, ando con la cabeza a mil. Llevaba varias noches de casi no dormir. Fue un momento de boludez. Y cuando pasó, pensé que se me acababa el mundo”, aseguró a Infobae.
El hombre de Merlo conoció a “Marina”, una chica de 27 años según su perfil, en la plataforma de citas de Facebook. “Qué ondis, acá puse mal la edad, no sé cómo se cambia”, aclaraba en su bio, como premonitoriamente.
“Marina” dijo ser de San Justo, luego de que José revelara también ser de la zona oeste del conurbano bonaerense, lo que, en su cabeza, lo habilitaba a una cita. Luego, comenzó un chat algo subido de tono, que es parte de esta nota.
Poco después, José fue contactado por la falsa madre.

