En un inusual giro de eventos, el Concejo Deliberante de Corrientes Capital fue escenario de una enérgica protesta por parte de vecinos del barrio San Ignacio. Los habitantes, cansados de la falta de obras hídricas en la zona, exigieron respuestas a los concejales sobre las promesas incumplidas que afectan su calidad de vida.
La sesión, que transcurría con normalidad, se vio interrumpida por la llegada de un grupo de vecinos que, con pancartas en mano, manifestaron su descontento. La situación escaló cuando una de las vecinas, visiblemente molesta, se dirigió a los concejales con un discurso contundente, desafiando a los políticos presentes y demandando acciones inmediatas.
El cuerpo deliberativo aprobó la declaración de Emergencia Hídrica y Climática, que había sido pedida por el intendente Claudio Polich.
Obras sin previsibilidad
La crisis dejó al descubierto una problemática estructural. La falta de inversión sostenida en infraestructura hídrica agrava cada evento climático. Sumideros obsoletos, desagües insuficientes y canales sin mantenimiento transformaron una lluvia intensa en una catástrofe urbana.
En Corrientes, la lluvia no fue el único problema. El abandono de obras clave amplificó el desastre. La falta de planificación y de mantenimiento convirtió un fenómeno meteorológico previsible en una emergencia social.
Además del impacto material, Corrientes enfrenta riesgos sanitarios y eléctricos. La combinación de humedad extrema, agua estancada y tendidos eléctricos expuestos eleva de forma considerable la posibilidad de accidentes y problemas de salud.
La emergencia marcó unas Fiestas tristes para miles de familias correntinas. Muchas pasaron la noche fuera de sus hogares. Otras permanecieron aisladas, sin energía eléctrica ni acceso a servicios básicos. Mientras continúan las tareas de asistencia y monitoreo, la provincia sigue en vilo. Las lluvias cesaron, pero la falta de infraestructura vuelve a quedar en el centro del debate.

