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Altas tasas y actividad bajo presión: el escenario que anticipan los economistas hasta mitad de año

La inflación de enero superó lo esperado y consolidó expectativas negativas. El BCRA sostiene tasas altas y política contractiva para contener precios y dólar.

La dinámica macroeconómica empieza a mostrar señales visibles de tensión. El dato de inflación de enero, muy por encima de lo esperado por el mercado, dejó algo más que una variación mensual. Consolidó expectativas que, en el corto plazo, no parecen alentadoras y que condicionan la política económica.

El mercado ya asume que el IPC difícilmente perforará la zona del dos por ciento mensual en lo inmediato. Más que un desvío puntual, el número reforzó la idea de una inercia inflacionaria que aún no logra quebrarse. Según las estimaciones de las principales consultoras, generará rispideces hasta abril, luego de los aumentos previstos en tarifas.

En este sentido, la persistencia inflacionaria implica que las tasas de interés permanecerán en niveles elevados por un período que podría extenderse hasta junio. La política contractiva del BCRA continuará orientada a absorber liquidez. Como también a sostener un sesgo restrictivo para evitar una aceleración mayor de precios, aun cuando el costo recaiga sobre la actividad económica.

La tasa elevada y la relativa estabilidad cambiaria funcionan como un marco de contención. Sin embargo, no alcanzan para anclar expectativas hacia adelante. Las tres variables centrales —tipo de cambio, inflación y nivel de actividad— se mueven bajo un esquema de condicionalidad. Este depende de que el equilibrio actual logre sostenerse en una estrategia del BCRA casi quirúrgica.

En el corto plazo, una tasa apenas por encima de la inflación permite mantener vivo el atractivo del carry trade. Según estimaciones de GMA Capital, este mecanismo acumula un retorno del 16 por ciento desde las elecciones de medio término. Mientras el rendimiento en pesos supere la variación de precios y el dólar permanezca estable, el incentivo sigue vigente.

No obstante, ese esquema convive con un trade off cada vez más visible frente a los instrumentos ajustados por CER. Los bonos indexados comienzan a ganar terreno porque ofrecen una cobertura directa ante la persistencia inflacionaria. Además, podrían exhibir menor volatilidad en caso de un evento disruptivo que altere el equilibrio actual, como una apuesta más defensiva.

dólares

Prevén tensión inflacionaria hasta abril y actividad en retroceso

“Me parece que el Gobierno nacional hará todo lo posible para mantener una tasa real positiva, que la tasa que paga esté apenas por arriba de la inflación del último mes para buscar equilibrar devaluación del techo de la banda con inflación y con la tasa que paga”, señaló el asesor financiero Gastón Lentini . Sostuvo que el Gobierno necesita cuidar la tasa para que puedan aparecer los créditos. “Si la sube mucho para sacar pesos de la calle, la contracara va a ser menos estímulo a la actividad y me parece que con dos años de Gobierno eso va a tener un costo político un poco más elevado del que viene teniendo”, indicó.

En este marco, las tasas deben sostenerse por encima de la inflación para preservar el incentivo al carry, lo que obliga a mantener una política monetaria restrictiva del BCRA. El costo de este esquema recae sobre la actividad económica, algo que el Gobierno nacional ya admite. Tasas reales positivas y condiciones financieras más exigentes tienden a enfriar el crédito y el consumo. Eso implica que el impacto contractivo será más visible en el nivel de actividad, que dará pocas señales de recuperación.

De acuerdo con una estimación de LCG, la actividad promedia un crecimiento nulo desde mayo de 2025, con los últimos dos meses en baja. “Esperamos un crecimiento por debajo del tres por ciento anual en 2026″, señalaron en el último informe, reflejando un panorama poco alentador para la economía real.

dólar oficial

Impacto contractivo sobre crédito y consumo

“Inicialmente el BCRA va a tratar de mantener esta política contractiva para usarla como ancla, en conjunto con un tipo de cambio apreciado, para retomar la senda de la desinflación. Esto podría durar hasta el momento fuerte de la cosecha del agro, cuando ingresarán dólares. En esa instancia debería incrementarse, vía reactivación económica, la demanda de pesos en sectores como agro, servicios y financiero. La recuperación de la actividad seguirá dispar, dada la falta de crédito, las tasas altas y el programa económico proimportador”, explicó el economista Federico Glustein en diálogo con Ámbito.

En este contexto, el impacto sobre la actividad en el corto plazo es negativo o, como mucho, de crecimiento muy moderado. Tasas altas, crédito caro y una política fiscal restrictiva enfrían consumo e inversión. Recién más adelante podría verse una mejora, si la inflación afloja, el esquema cambiario se vuelve más creíble y empieza a aparecer una demanda de pesos más genuina que permita bajar las tasas, impulsando el crédito.

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