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Written by • 11:00 am• Notas de opinión

“Cuando el agua sube y la soledad es tu única compañía”

El propietario del complejo turístico Cueva Miní de Eldorado reflexiona la situación crítica que se planteó en su emprendimiento debido a las torrenciales lluvias.

Por Alejandro Fabián Spivak.

Rudy Nolde cuenta con un complejo turístico en la zona costera de Eldorado. Las torrenciales lluvias que se vienen produciendo en la zona hizo que su complejo denominado Cueva Miní quede bajo agua. En las redes sociales Nolde escribió: “Acá estoy, sentado, contemplando en silencio cómo el agua cubre una vez más tantos años de trabajo. Pensando cómo seguir, por dónde empezar nuevamente y, sobre todo, cuánto tiempo permanecerá todo bajo el agua”. “¿Una semana? ¿Un mes? ¿Tres meses? No lo sé. Solo la naturaleza lo decidirá”.

En su cuenta de Facebook agregó: “El río ha crecido de una manera desmedida. En apenas tres días subió más de cinco metros. Las grandes represas, obligadas a liberar enormes cantidades de agua, y la pérdida del monte nativo, que alguna vez ayudaba a retener las lluvias y regular su escurrimiento, forman parte de una realidad ambiental que merece una profunda reflexión”.

“No culpo a la naturaleza”

El emprendedor turístico de Eldorado agregó: “Pero no culpo a la naturaleza. Todo lo contrario”.
“A la naturaleza solo puedo agradecerle”. “Durante más de 36 años me ha regalado, en este pequeño rincón llamado Cueva Miní, algunos de los espectáculos más maravillosos que uno pueda imaginar”. “Las aguas transparentes –sigue-, los días de sol radiante, los atardeceres increíbles, las nieblas que se levantan sobre el río como fantasmas y transforman el paisaje en algo mágico. Los infinitos tonos de verde de nuestra selva y el canto de las aves que parecen celebrar la llegada de cada lluvia”. “¿Cómo podría reprocharle algo a quien tanto me ha dado?”; se pregunta Nolde.

“Quinta inundación”

Rudy Nolde recuerda que “esta es la quinta inundación que me toca vivir. Cinco veces en las que el agua avanzó sobre lo construido, obligándome a reconstruir, modificar, adaptarme y volver a empezar”. “Siempre lo hice. Aprendí a convivir con la naturaleza, a respetar sus tiempos y a aceptar sus desafíos. Y aun hoy, mirando todo bajo el agua, sigo sintiendo un profundo agradecimiento por haber podido desarrollar mi vida en un lugar de semejante belleza”. “Pero hay algo que esta vez me duele más que la propia creciente”.

“Desde hace cuatro o seis meses vengo escuchando, en los medios provinciales y locales, cómo el Estado se preparaba para enfrentar las posibles inundaciones anunciadas por el fenómeno de El Niño”. “Se hablaba de prevención, de contingencias, de asistencia, de organismos preparados para actuar cuando llegara el momento.
Y finalmente llegó”. “Llegó el día en que el agua nos alcanzó el cuello. Y, sin embargo, no recibí una sola llamada”.

“No esperaba dinero. No esperaba que nadie viniera a reconstruir lo que el río se llevó. No pretendía que el Estado se hiciera cargo de mis pérdidas. Esperaba algo muchísimo más sencillo. Una llamada”. “Alguien que dijera: ´Señor emprendedor, queremos saber cómo está, cuál es la situación de su establecimiento y si necesita algo´. Nada más”.

Para Nolde “a veces, un pequeño gesto alcanza para renovar las fuerzas de quien está atravesando un momento difícil. Para sentir que tantos años de esfuerzo no pasaron completamente inadvertidos”. “Pero nadie se acordó. Quizás porque un pequeño emprendimiento turístico más o menos en Eldorado, o incluso en Misiones, no cambia demasiado las estadísticas. Tal vez porque somos tan pequeños que resultamos casi insignificantes”.

“Sin embargo, pienso exactamente lo contrario.Si Eldorado hubiera tenido muchos emprendimientos como Cueva Miní, probablemente hoy estaríamos hablando de un destino turístico muy diferente”. “Una ciudad capaz de recibir visitantes de otros continentes, de distintas provincias argentinas, de generar trabajo genuino, oportunidades y desarrollo a partir de una de las mayores riquezas que tenemos: nuestra naturaleza. Porque los destinos turísticos no se construyen solamente desde las oficinas públicas, los discursos o las campañas de promoción. Se construyen también con personas que se animan a invertir, a arriesgar, a trabajar durante décadas y a sostener sus proyectos incluso cuando todo parece estar en contra”.

Nolde continúa: “Y pocas cosas son tan difíciles como ser un pequeño emprendedor. Somos, muchas veces, aquellos a quienes más se les exige y quienes menos reciben. Los que debemos cumplir con cada trámite, cada impuesto, cada habilitación y cada nueva disposición. Y también quienes, por representar pocos votos y tener escasa influencia, pareciera que ocupamos el último lugar en las prioridades”. “No importa cuántas direcciones de Turismo, subsecretarías, ministerios, secretarías y dependencias públicas existan”.

“En esta oportunidad, ninguna se comunicó conmigo. Y hay una contradicción que no puedo dejar de mencionar. Hace apenas treinta días recibí una notificación exigiéndome la presentación de los planos de todas las estructuras techadas de mi establecimiento turístico. Para exigirme documentación, el Estado sí se acordó de que existo.
Hoy ni siquiera sé cuáles de esos techos seguirán en pie cuando el agua finalmente baje. Y, aun así, como siempre, continuaré intentando cumplir con lo que se me exige. No menciono esto para desconocer las obligaciones que tenemos como ciudadanos y emprendedores. Las obligaciones existen y deben cumplirse. Pero también debería existir una responsabilidad del otro lado. Y es aquí donde quisiera detenerme en una reflexión mucho más profunda”.

Nolde se pregunta: “¿Cuál es, verdaderamente, el rol del Estado? ¿Limitarse a recaudar, exigir, controlar y multiplicar estructuras administrativas? ¿O estar también presente cuando quienes producen, trabajan y sostienen actividades económicas atraviesan situaciones difíciles? No se trata de reclamar privilegios, subsidios ni tratamientos especiales. Se trata de comprender que detrás de cada pequeño emprendimiento hay años de sacrificio, familias, sueños, inversiones, riesgos y una enorme voluntad de salir adelante. Y que el Estado, además de administrar los recursos que obtiene de quienes producen, debería cumplir una función verdaderamente útil para la sociedad”.

“No quiero personalizar esta reflexión ni señalar a un funcionario en particular. Creo que el problema es mucho más profundo. Es un sistema que venimos arrastrando desde hace décadas, donde muchas veces reciben mayores reconocimientos quienes ocuparon cargos públicos, aun cuando sus gestiones no hayan contribuido al desarrollo que nuestra ciudad necesitaba. Mientras tanto, tantas personas que trabajaron silenciosamente, que construyeron algo propio, que generaron oportunidades y lograron sostenerlas durante años, permanecen prácticamente invisibles”.

“Pareciera que para obtener reconocimiento hay que mantener una buena relación con el político de turno, ser complaciente con el poder o formar parte de ese mismo mundo. Y yo sigo creyendo que el verdadero reconocimiento debería estar ligado al esfuerzo, al trabajo y a lo que cada persona aporta a su comunidad. Hoy no sé cuándo volveré a abrir las puertas de Cueva Miní. No sé qué encontraré cuando el río regrese a su cauce. Ni cuánto esfuerzo, tiempo y recursos serán necesarios para volver a poner todo en condiciones”.

“La naturaleza mi lugar”

“Pero sí sé algo. La naturaleza seguirá siendo mi lugar. Seguiré admirando sus amaneceres, sus atardeceres, su selva, sus aguas y esa belleza extraordinaria que durante tantos años tuve el privilegio de compartir”. “Y quiero aprovechar estas palabras para agradecer profundamente a todas las personas que alguna vez visitaron Cueva Miní. A quienes llegaron para conocer nuestra selva, navegar nuestras aguas, vivir una aventura o simplemente disfrutar de la tranquilidad de este rincón de Misiones. Siempre intentamos poner lo mejor de nosotros para que cada visitante se llevara una experiencia inolvidable, para que pudiera sentir la naturaleza en su máxima expresión. Gracias por habernos elegido, por valorar nuestro trabajo y por formar parte de esta historia. El agua podrá llevarse muchas cosas materiales, pero jamás podrá llevarse los recuerdos, las experiencias compartidas ni el orgullo de haber construido algo con tanto esfuerzo y pasión. Y mientras espero que el río vuelva a bajar, sigo pensando que quizás algún día comprendamos que una ciudad no crece solamente por lo que hace su Estado, sino también —y fundamentalmente— por lo que son capaces de construir sus habitantes·.

Más adelante expresa que “ojalá aprendamos a valorar a esas personas antes de que sus emprendimientos desaparezcan porque cuando desaparece un pequeño emprendimiento, no se pierde solamente una actividad económica. Se pierde una historia, un sueño y una oportunidad para toda la comunidad”.

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