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Written by 12:15 pm Notas de opinión, Política

Dos modelos, dos futuros posibles

Por Jorge Castro

Mientras en Eldorado se apagan ya algunas luces de una fábrica, en Posadas se encienden las vidrieras. En una provincia marcada por tensiones entre lo que se construye y lo que se desarma, el contraste no es ideológico: es tangible, concreto, cotidiano.

Por un lado, el Gobierno nacional profundiza su programa de desregulación. En nombre de una eficiencia cruda, pensada desde escritorios lejanos, más de 100 trabajadores de la planta DASS quedaron en la calle. Detrás de ese número, hay familias que de un día para el otro perdieron su sustento. No fue un error: fue una decisión. Y como toda decisión, tiene responsables.

Pero Dass no es una excepción. En la chacra misionera también se viene sintiendo la estocada. El productor yerbatero —ese que trabaja de sol a sol con el barro colorado hasta las rodillas y las manos rajadas— hoy ve cómo el precio de su hoja verde se desploma. La desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate, ejecutada por el Gobierno nacional, desmanteló los mecanismos que equilibraban el juego. El resultado: los grandes molinos se fortalecen, mientras el pequeño productor queda a la intemperie, sin herramientas, sin piso, sin futuro.

La yerba, ese emblema de nuestra cultura, de nuestra historia, fue entregada al mercado como si no valiera nada. El interior profundo, una vez más, paga el costo de las decisiones tomadas en despachos que no conocen el monte ni el esfuerzo de los que lo habitan y trabajan.

Frente a este panorama sombrío, ¿qué hace el modelo misionero? Actúa. Sostiene. Propone. Intenta.

En Posadas, más de 1.200 comercios se preparan para el Black Friday: un evento que no solo dinamiza las ventas, sino que convoca a la calle, a la comunidad, al movimiento. Una ciudad que vibra al ritmo de los descuentos, de las cuotas sin interés, de los shows, de la planificación. Porque cuando el Estado no se borra, sino que se sienta a la mesa con comerciantes, bancos y vecinos, el resultado es otro: más trabajo, más consumo, más esperanza.

La política no es neutra. Nunca lo fue. Hay decisiones que arrasan, que destruyen tejido social, que expulsan. Y hay decisiones que cuidan, que construyen, que abrazan.

Misiones eligió un camino: el del desarrollo con inclusión. Un modelo que regula para proteger, que interviene para equilibrar, que promueve lo propio, que defiende al que produce, que pone al pequeño en el centro.

Mientras el país central parece decidido a incendiar su propia estructura, Misiones elige apagar el fuego con acuerdos, producción y futuro.

La postal es clara. En un rincón de la provincia, las máquinas se detienen y los rostros se entristecen. En otro, los negocios abren, la ciudad respira, y la esperanza se respira. Dos modelos. Dos destinos.

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