Con una producción integrada que va desde yerba mate hasta embutidos artesanales, el productor Jacobo Kull de Leandro N. Alem transformó su unidad productiva en una chacra multiproductiva certificada en innovación. Así, aprovechó al máximo cada rincón de su tierra y revalorizó el modelo productivo heredado de sus abuelos.
“Nuestros padres y abuelos siempre trabajaron con cerdo, oveja, vaca, tabaco, maíz, mandioca. Nosotros seguimos en esa línea”, explicó Kull en una entrevista con Canal Doce. Su experiencia recupera ese enfoque tradicional de diversificación en origen, para combinarla con prácticas modernas, cuidado sanitario y valor agregado en cada producto.
Una chacra, múltiples producciones
La experiencia de este productor comenzó con la plantación de yerba mate y té, pero con el tiempo incorporó ganado vacuno, ovejas, cerdos, maíz, mandioca y hasta poroto sable y avena como cultivos intermedios. Este modelo asegura alimento para la familia y los animales, además de generar excedentes para la venta, lo que hace económicamente sustentable a la chacra.
“Siempre hay un cordero para la venta”, relató Kull. “El cerdo se vende como lechón para un cumpleaños o una peña. También hacemos embutidos parrilleros, ahumados y ahora hasta salamines en cuatro variedades: vacuno, cerdo, oveja y mezcla de cerdo con vacuno”, agregó.
Además de ofrecer diversidad de productos, la chacra mantiene un estándar de calidad e higiene riguroso, algo que el productor considera esencial: “La calidad y la higiene son el futuro. Si no cuidás eso, vas a correr la clientela”.
Certificación y visión de futuro
El caso de Kull ya cuenta con un certificado en innovación, otorgado por organismos vinculados al desarrollo rural y tecnológico. Esta distinción reconoce la capacidad de producción en diferentes rubros y la incorporación de prácticas sostenibles y autosuficientes.
“Cuando se compró el terreno, empezamos a limpiar y plantar yerba y té. Después ponía avena antes de poner la oveja. Así se fue armando todo, siempre con la idea de producir para la familia y también generar ingresos”, señaló.
El modelo multiproductivo, además de diversificar riesgos, permite una mejor utilización del suelo y aprovechamiento de recursos locales, como el uso de pasturas en yerbales o el cultivo de maíz y mandioca para la alimentación de los animales.
Un modelo con proyección
La chacra de Kull muestra un camino que muchos pequeños y medianos productores están empezando a valorar nuevamente: el de la autonomía alimentaria, la producción diversificada y el valor agregado en origen. Frente a las dificultades del mercado y los cambios en las políticas agroindustriales, este modelo es una alternativa resiliente, sustentable y con identidad local.
“Siempre uno tiene algo -afirmó Kull-. Lo que no se consume, se está vendiendo”. Y en esa frase se resume la lógica de una chacra que, más que producir, sabe sostenerse, crecer y cuidar el entorno.





