La medición de la huella de carbono llegó a las chacras misioneras y los primeros resultados comenzaron a mostrar una realidad poco explorada en la producción yerbatera. Un relevamiento realizado sobre 66 productores de yerba mate y mandioca de 17 cooperativas permitió identificar fuertes diferencias entre los sistemas productivos y abrió la puerta a nuevas estrategias para mejorar la eficiencia, reducir emisiones y generar valor agregado en el agro provincial.
Detrás del trabajo se encuentra un proyecto de agricultura regenerativa impulsado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), en convenio con la Fundación Banco Credicoop y con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En esta primera etapa se analizaron 318 hectáreas y ya se entregaron resultados a 44 productores, mientras continúa el proceso de devolución para el resto de los participantes.
Según explicó el investigador de Inta Cerro Azul, Emiliano Lysiak, el objetivo fue conocer cuánto impacto ambiental genera la producción en cada establecimiento. “La huella de carbono es una medición de todos los gases de efecto invernadero que nuestras actividades generan”, señaló en diálogo con LT17 Radio Provincia de Misiones.

El trabajo se concentró principalmente en productores de yerba mate. Para ello se relevaron insumos, uso de fertilizantes, combustibles, transporte y rendimientos obtenidos durante la campaña 2023-2024. A partir de esos datos se calculó cuántos kilos de dióxido de carbono equivalente genera la producción de un kilo de hoja verde. “Encontramos mucha variabilidad. Tenemos productores con alto y bajo rendimiento. En consecuencia, la huella de carbono es muy distinta entre unos y otros”, indicó Lysiak.
Fertilizantes y combustibles, entre los factores que más inciden en las emisiones
Uno de los principales hallazgos del relevamiento cuestiona una idea instalada sobre la producción intensiva. Lysiak explicó que los productores más eficientes, que logran mayores rendimientos, tienden a registrar una menor huella de carbono por kilo producido, ya que las emisiones se distribuyen sobre una mayor cantidad de producto y, en consecuencia, mejora el indicador ambiental.

La investigación también permitió identificar cuáles son las prácticas que más influyen en la generación de emisiones dentro de las chacras. “Los fertilizantes químicos, los nitrogenados, el diésel, la nafta en la motoguadaña y el transporte”, detalló el investigador. En especial, el traslado de materias primas e insumos aparece entre los puntos con mayor incidencia en la huella final de cada establecimiento.
A la vez, el estudio detectó que ciertas prácticas vinculadas a la agricultura regenerativa pueden ayudar a reducir las emisiones. “Los productores que tratan de buscar un fertilizante orgánico y no tanto los de origen químico también suelen tener menores huellas”, sostuvo Lysiak, al remarcar que los fertilizantes nitrogenados provienen de recursos fósiles y, por lo tanto, tienen un impacto ambiental mayor.
Huella de carbono: una herramienta más para el productor
Más allá de los números obtenidos, el proyecto busca transformar esa información en mejoras concretas para los productores. Cada participante recibe un diagnóstico individual, recomendaciones específicas y un plan de manejo adaptado a su realidad productiva.
En ese sentido, Lysiak remarcó que la utilidad principal de la medición es ayudar a perfeccionar los sistemas productivos. “Como todo lo que se mide, ayuda a ser más eficiente. La primera utilidad es mejorar la eficiencia en el manejo y darse cuenta de que ser más eficiente y cuidar el medio ambiente van de la mano”, expresó.
La iniciativa tendrá una segunda etapa en la que se incorporará un componente clave que todavía no fue medido: la captura de carbono. El objetivo será evaluar cuánto contribuyen prácticas como la arborización, el aumento de materia orgánica y las cubiertas vegetales a compensar las emisiones generadas durante la producción.

