El pasado fin de semana las aguas de la bahía El Brete de Posadas fueron sede de “El Desafío” de las 12 horas de canotaje. La cita congregó a 30 palistas y cinco delegaciones en el Club Náutico Vairuzú.
Más allá de la exigencia física y la estrategia de relevos en el agua, la jornada tuvo un tinte emotivo particular: el reencuentro con una tradición que marcó los inicios del canotaje formativo en la provincia.
Los orígenes: del entrenamiento escolar a las grandes pruebas
Para entender el valor de este desafío hay que remontarse a fines de la década de 1990. En aquel entonces, las pruebas de navegación continua nacieron como un esquema de entrenamiento intensivo diseñado para preparar a los jóvenes remeros que afrontarían la emblemática bajada Iguazú-Posadas.
Casi tres décadas después, aquellos profesores y alumnos pioneros se reencontraron integrados en el grupo Ypy Náutico —cuya denominación remite al concepto guaraní Ypy Apu Ara (“duendes protectores del río”)—. Junto al Club Náutico Vairuzú, decidieron reeditar la propuesta para transmitir ese legado a las nuevas generaciones de remeros.
La edición de este año no solo volvió a poner a prueba la destreza de los deportistas sobre el agua, sino que convirtió al predio en un punto de encuentro familiar, combinando el deporte al aire libre, estrictos operativos de seguridad náutica y el inolvidable espíritu de camaradería a orillas del Paraná.








