La mora en billeteras digitales y bancos alcanzó niveles récord en 2026, con hasta 27% en el sector no bancario y un 11% en préstamos familiares, el valor más alto desde la crisis de 2001. Frente a este escenario, empresas fintech lanzaron planes de rescate para deudores, ajustaron sus criterios de evaluación y reformularon su negocio para contener el deterioro de sus carteras.
Aunque consultoras advierten sobre cifras críticas, desde el sector aseguran que los números están “inflados” y ubican la mora en torno al 16,8% a febrero. Aun así, reconocen que el problema es estructural y exige cambios profundos.
Refinanciaciones a medida: la estrategia para recuperar algo
Lejos de endurecer las condiciones de cobro, las fintech optaron por negociar con los clientes que aún tienen voluntad de pago. El enfoque es pragmático: recuperar parte del dinero antes que perderlo por completo.
“Estamos refinanciando a quienes tienen voluntad de pago. Hacemos quitas sobre los intereses y armamos planes a medida”, señalaron desde el sector.
En la práctica, esto implica resignar intereses acumulados para recuperar el capital. Para muchas carteras consideradas incobrables, este mecanismo representa una oportunidad concreta de recuperación.
Además, el esquema permite que los usuarios regularicen su situación y vuelvan a acceder al crédito formal, evitando quedar excluidos del sistema financiero.
El cambio de modelo: menos riesgo, más requisitos
El fuerte aumento de la mora obligó a las fintech a modificar de raíz sus criterios de otorgamiento. Tras el crecimiento acelerado de 2024 y 2025, que dejó carteras “contaminadas”, ahora priorizan perfiles más sólidos.
Los nuevos requisitos incluyen:
- Consulta a la Central de Deudores del BCRA
- Verificación de ingresos y recibo de sueldo
- Antigüedad laboral
- Edad y domicilio del solicitante
“Hoy tenemos que prestarle al sector que más dinero gana”, admiten en la industria, en un giro que marca un retroceso en términos de inclusión financiera.
El cambio también se apoya en modelos predictivos más sofisticados. Las plataformas analizan hasta 24 meses de historial y utilizan herramientas de machine learning para estimar la probabilidad de pago.
Bajo esta lógica, el costo del crédito se ajusta al riesgo: quienes presentan atrasos enfrentan tasas más altas para compensar posibles pérdidas.
Tasas en debate y presión regulatoria
Uno de los puntos de conflicto con el ámbito político es el nivel de las tasas de interés. Desde el sector rechazan las acusaciones de usura y aseguran que los valores responden a la estructura de costos.
Según explican, una tasa elevada surge de la combinación de:
- Costo de fondeo
- Mora esperada
- Gastos operativos
- Rentabilidad mínima
- Carga impositiva
En paralelo, advierten que el problema no es solo el precio del crédito, sino la dificultad para cobrar. En ese marco, el sistema de Cobro con Transferencia (CCT), impulsado por el BCRA y previsto para agosto de 2026, es visto como insuficiente.
El mecanismo requiere consentimiento del usuario y solo permite débitos si hay fondos disponibles, con limitaciones operativas que, según las fintech, no resuelven el problema de fondo.
La preocupación por el “no pago”
Otro foco de alarma en el sector es la proliferación de mensajes que incentivan el incumplimiento. Desde estudios jurídicos hasta publicaciones en redes sociales promueven estrategias para evitar el pago de deudas. “Hay gente incitando a no pagar. Pero la deuda no desaparece”, advierten.
Las consecuencias son claras: los deudores quedan registrados en la Central de Deudores del BCRA, lo que bloquea el acceso al crédito en todo el sistema formal. Además, las carteras morosas suelen ser transferidas a empresas de cobranza.
Actualmente, se estima que 4,8 millones de personas tienen deudas con más de tres meses de atraso, lo que agrava el cuadro de sobreendeudamiento.
Un sistema en transición
Desde el sector fintech sostienen que la mora no es una falla del modelo, sino el resultado de un ciclo de expansión del crédito más rápido que el crecimiento de los ingresos.
Las billeteras digitales ampliaron el acceso al financiamiento hacia sectores que el sistema bancario tradicional no alcanzaba. Pero cuando la economía se desaceleró, esos segmentos fueron los más afectados.
Ahora, el sector busca estabilizarse con criterios más estrictos, acuerdos personalizados y mejores herramientas de análisis.
El futuro dependerá de dos factores clave: la recuperación de los ingresos y la implementación de mecanismos de cobro más eficientes. De lo contrario, advierten, el crédito digital podría retraerse y dejar nuevamente afuera a millones de usuarios.

