La política monetaria argentina inició 2026 con un cambio en el esquema cambiario tras la decisión del Banco Central de actualizar las bandas según la inflación pasada. La autoridad monetaria dejó atrás el ajuste fijo del 1 por ciento mensual aplicado durante ocho meses. Ese período derivó en un techo que quedó “atrasado” frente a la nominalidad de la economía y limitó el recorrido del tipo de cambio mayorista.
Para enero, el Banco Central definió que las bandas superior e inferior se ajusten al 2,5 por ciento mensual. Con ese criterio, al 30 de enero el techo se ubicará en $1.526,09 y el piso en $916,58. Estos valores establecen los nuevos márgenes de intervención oficial en el mercado de cambios al inicio del año.
El atraso del techo redujo el margen operativo del tipo de cambio
Al cierre del último día del año, el dólar mayorista finalizó en $1.455 y quedó a solo un 4,7% del nuevo límite superior. Esta cercanía se explica por la divergencia entre un ajuste de bandas al 1% y una inflación que “viajaba” en torno al 2%. El efecto principal recayó sobre la arquitectura de la banda y generó una “asfixia regulatoria” sobre la cotización.
La reducción del spread dejó al mercado operando cerca de la zona de intervención del Banco Central. Con la inflación avanzando más rápido que el techo, el espacio de flotación se estrechó de forma marcada. En este marco, movimientos acotados del tipo de cambio activan la necesidad de ventas oficiales.
La meta de reservas enfrenta una inconsistencia operativa
Además, el Banco Central comunicó para 2026 un programa de acumulación de reservas internacionales desde el 1 de enero. Para cumplirlo, debe actuar como demandante neto de divisas en el mercado oficial. Sin embargo, con el dólar a menos de un 5% del techo, las compras empujan la cotización hacia el límite superior.
Al alcanzarse ese nivel, la regla cambiaria obliga a defender el techo mediante ventas. Este mecanismo configura una “trampa de diseño”, ya que la autoridad monetaria vendería los dólares que necesita adquirir. La combinación entre un techo bajo y la meta de reservas expone una tensión central del esquema.

De acuerdo a Ámbito, a este escenario se suma la vigencia de las restricciones cambiarias para personas jurídicas. Mientras el cepo corporativo continúe, el precio del dólar mantiene un componente administrado y se acumula presión en la deuda comercial. La desaceleración de la inflación convive así con límites en la acumulación de reservas, el acceso al crédito y la evolución de la actividad económica.

