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Written by 4:34 pm Economía

La papa, una economía regional en jaque frente a la amenaza de importaciones chinas

Con precios deprimidos, sobreoferta y costos dolarizados, el sector papero enfrenta una de sus peores campañas. La posible llegada de papas congeladas desde China enciende alarmas.

La producción de papa en Argentina atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Con miles de productores endeudados, sobreoferta en los mercados mayoristas, precios por el suelo y costos crecientes dolarizados, el sector se tambalea. A este panorama crítico se suma una amenaza que inquieta cada vez más: la posible llegada de papas congeladas provenientes de China, que podrían agravar aún más la situación de la industria local. Aunque por ahora no hay ingreso formal de ese producto, el antecedente de lo ocurrido en Chile, donde las góndolas ya exhiben papas asiáticas, mantiene en vilo al entramado papero argentino.

Producción nacional en números

Argentina produce entre 2,8 y 2,9 millones de toneladas de papa al año, con alrededor de 80.000 hectáreas sembradas en todo el país. La mayor parte de esta producción —más del 85 %— se consume en el mercado interno, tanto en fresco como en productos procesados. El consumo per cápita anual ronda los 52 kilos, de los cuales unos 11 corresponden a papas industrializadas, como las papas fritas congeladas o en escamas.

La región más importante para el cultivo es el sudeste bonaerense, con epicentro en Balcarce y Mar del Plata, que concentra cerca del 55 % del total nacional. Le siguen Córdoba y San Luis, con aproximadamente el 30 %, y luego provincias del norte como Tucumán, Jujuy, Mendoza y Salta.

papa argentina
cropped shot of gardener in checkered shirt holding potatoes while working on farm

Una campaña crítica para los productores

El ciclo 2024/25 será recordado como uno de los más adversos para el productor papero. Las condiciones climáticas golpearon con fuerza a zonas clave como Córdoba, Tucumán, Villa Dolores y parte de Buenos Aires. Heladas intensas, lluvias desparejas y falta de previsibilidad terminaron afectando el rendimiento de los cultivos. Pero el verdadero drama llegó con la comercialización.

Los precios mayoristas, fuertemente deprimidos por una sobreoferta estacional, no alcanzan a cubrir ni siquiera el 60 % de los costos de producción, que en muchos casos superan los USD 7.000 por hectárea. Hay productores que directamente estiman que apenas recuperan entre el 20 y el 40 % de lo invertido, lo que ha generado una ola de endeudamiento e incertidumbre sobre el futuro de la actividad.

“Hoy trabajar con papa es perder plata. Sembramos con créditos, con costos dolarizados, y vendemos en pesos a precios de hace cinco años”, afirma un productor del norte bonaerense.

La industria que resiste

Paralelamente a la crisis en el segmento primario, la industria procesadora parece ser una tabla de salvación para parte de la producción nacional. En Balcarce, la empresa McCain —líder mundial en papas prefritas congeladas— anunció una inversión de USD 100 millones para ampliar su planta y exportar a nuevos mercados del Mercosur. También en Mar del Plata, Lamb Weston —multinacional estadounidense del mismo rubro— está por inaugurar una nueva planta de última generación, con una inversión inicial de USD 320 millones.

Ambas compañías buscan posicionarse estratégicamente para abastecer a Brasil, Uruguay y otros destinos regionales, reduciendo la dependencia del mercado interno. El objetivo declarado es consolidar un “polo exportador de papas congeladas del Cono Sur” con base en el sudeste bonaerense, y al mismo tiempo blindarse ante el posible desembarco de productos asiáticos.

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La amenaza importadora

Si bien por ahora no se registraron ingresos de papas congeladas chinas al mercado argentino, el riesgo es cada vez más real. En Chile, donde la apertura comercial fue más agresiva, ya se observan papas precongeladas provenientes del sudeste asiático a precios entre 15 y 20 % más bajos que los proveedores tradicionales europeos o estadounidenses.

En Argentina, la reciente flexibilización del régimen de importaciones, la suspensión temporal de retenciones y percepciones de IVA y Ganancias para alimentos, y la posibilidad de financiar compras en dólares a 30 días, han generado condiciones muy favorables para el ingreso de productos extranjeros.

Diversas entidades industriales alertan sobre el ingreso masivo de alimentos importados que ya está ocurriendo en otros rubros: tomates enlatados, lácteos, pastas, miel y vino, entre otros. Las papas congeladas podrían ser el próximo eslabón de esa cadena. La preocupación es que la presión importadora se dé en un contexto donde la industria local está desfinanciada y los productores trabajan a pérdida.

Costos, precios y desigualdad competitiva

El principal problema radica en la desigualdad de condiciones. Mientras que los productores argentinos enfrentan costos en dólares —semillas, agroquímicos, energía, combustible— y un mercado interno deprimido, los productos importados llegan muchas veces subsidiados o con costos de producción más bajos, especialmente si provienen de economías con escala industrial y logística más eficiente.

Además, los importadores gozan hoy de incentivos que los productores locales no tienen: simplificación aduanera, menos trabas fiscales y acceso directo a dólares para financiar sus operaciones.

“Estamos compitiendo con papas que llegan en barco, a menor precio, y con menos impuestos. Así no hay modelo que aguante”, lamenta un dirigente de la Federación Nacional de Productores de Papa (FENAPP).

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La papa en crisis: ¿Es posible frenar la avanzada?

Para muchos referentes del sector, la solución no está en cerrar la economía, sino en construir una política inteligente de defensa comercial y de incentivo a la producción. Algunos de los pedidos recurrentes incluyen:

  • Establecer licencias no automáticas o cupos para productos sensibles como la papa congelada.
  • Recuperar reintegros a la exportación para compensar la pérdida de competitividad.
  • Promover líneas de crédito subsidiadas para productores.
  • Generar una política de precios mínimos o herramientas de cobertura ante la volatilidad de los precios.

Mientras tanto, las grandes empresas del rubro apuestan al crecimiento regional. Pero esa expansión industrial no necesariamente garantiza mejores condiciones para los productores primarios, que siguen dependiendo del mercado interno, cada vez más saturado y con menor poder adquisitivo.

La papa, uno de los alimentos más básicos en la dieta argentina, enfrenta hoy una crisis estructural. Productores endeudados, industrias presionadas y un mercado amenazado por productos importados forman un cóctel peligroso para la sustentabilidad del sector. Aunque el desembarco de papas chinas aún no ocurrió, el solo fantasma de su llegada ya pone en evidencia las fragilidades de un modelo productivo que, sin acompañamiento estatal ni reglas de juego claras, corre el riesgo de colapsar.

La próxima campaña será decisiva. Si el Estado no interviene con políticas activas, y si la industria no logra contener la presión de los precios internacionales, es probable que muchas explotaciones pequeñas y medianas abandonen el cultivo. Y con ellas, se perderá algo más que papas: se perderá trabajo, arraigo rural y soberanía alimentaria.

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