La situación financiera de Tarjeta Naranja mostró un cambio drástico en su último reporte, donde la morosidad pasó de ser una señal de atención a convertirse en el factor determinante de castigo sobre sus balances. El deterioro en la capacidad de pago de los clientes obligó a la empresa a realizar movimientos contables significativos para cubrirse ante el riesgo.
En concreto, la compañía reconoció cargos por incobrabilidad que ascendieron a $525.142 millones. Este monto no solo representa el triple de su registro en el mismo período del año pasado, sino que también absorbió una gran parte del margen operativo que la firma logró generar.

El impacto de este costo de riesgo disparado fue contundente en el resultado final del ejercicio. A pesar de mantener ingresos estables, el resultado operativo neto cayó a $626.164 millones, una cifra que representa una baja de casi el 40% en la comparación interanual.
El indicador que encendió las alarmas en Tarjeta Naranja
El deterioro de la cartera se confirmó mediante la evolución del roll rate, el indicador técnico que mide cuántos clientes pasan de tener atrasos leves a encontrarse en etapas de mora más severas. Este desplazamiento acelerado entre las distintas fases de atraso se transformó en el motor central del empeoramiento de los números durante el trimestre.
En términos prácticos, el comportamiento de este índice significa que cada vez más usuarios que se atrasan en un pago no logran normalizar su situación financiera. En consecuencia, caen en una mora profunda, lo que fuerza a la compañía a provisionar más fondos y a asumir un mayor riesgo de pérdida definitiva sobre esos créditos.
No obstante, la firma aclaró que su cartera todavía se ubica por debajo del promedio del sistema financiero. Esta estabilidad relativa, según explicaron, fue posible gracias a la implementación de ajustes tácticos en los modelos de riesgo, una gestión temprana de los atrasos y el uso de herramientas de cobranza más activas durante el tercer trimestre.

Actividad firme con clientes frágiles
Paradójicamente, mientras la morosidad se disparaba, la actividad transaccional de la compañía mostró una notable resistencia. En los primeros nueve meses, se registraron 208 millones de transacciones, lo que marca un incremento del 7,2%, lo que marca que el uso del plástico y los servicios digitales sigue vigente.
Los ingresos operativos alcanzaron los $1,15 billones, manteniéndose en línea con los niveles de 2024. A su vez, el consumo mensual promedio por cuenta se ubicó en $343.000, sostenido en parte por el avance continuo de la digitalización de los servicios ofrecidos por la empresa.
Para sostener esta operación, el financiamiento mayorista acompañó con emisiones de Obligaciones Negociables (ON) y líneas bancarias que sumaron más de $1,6 billones. Sin embargo, la performance operativa por sí sola ya no alcanza para compensar la fragilidad creciente del crédito al consumo y el peso de los incobrables.

El desafío de estabilizar la cartera
De cara a los próximos trimestres, Naranja X anticipó un escenario macroeconómico algo más favorable. Sus proyecciones se apoyan en señales como una inflación mensual en torno al 2%, la mejora de las reservas, la recuperación del Producto Interno Bruto (PIB) y la normalización del mercado cambiario.
Aun con estas perspectivas, la prioridad destacada por la empresa no es la expansión agresiva de la actividad, sino la estabilización de los indicadores de mora. El objetivo inmediato es frenar el deterioro de la calidad crediticia de sus clientes para proteger la salud financiera de la sociedad.
La Dirección aseguró que continuará monitoreando de forma proactiva las variables de riesgo. La estrategia se centrará en ajustar políticas y recalibrar modelos de forma constante para resguardar la cartera frente a un mercado que, pese a las mejoras, se mantiene volátil.
Con información de Ámbito

