El endeudamiento dejó de ser una herramienta excepcional para convertirse en un mecanismo cotidiano de supervivencia. Así lo revela un relevamiento del Centro RA de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, que muestra que un número creciente de hogares recurre a la tarjeta de crédito para comprar alimentos, artículos de limpieza y productos esenciales.
Entre diciembre de 2023 y agosto de 2025, el uso de crédito en supermercados pasó del 39% al 45%, un salto que refleja cómo las familias enfrentan la pérdida de poder adquisitivo. Esta expansión contrasta con la contracción de otros medios de pago: el uso de tarjeta de débito cayó del 34% al 26%, el efectivo se redujo del 20% al 16%, y las billeteras virtuales duplicaron su participación al pasar del 7% al 13%.
Endeudarse con la tarjetas de crédito para comer
“Una proporción creciente de los hogares estaría recurriendo al endeudamiento para afrontar consumos básicos mensuales”, afirma el informe. La preocupación no termina allí: la morosidad en el crédito al consumo aumentó un 147%, lo que evidencia que no sólo más personas se financian, sino que muchas ya no pueden afrontar los pagos.
El deterioro del consumo se observa también en las ventas. Según la CAME, en septiembre las ventas minoristas cayeron 4,2%, un retroceso que se suma a meses de contracción. Para el Centro RA, la combinación de mayor uso del crédito, más morosidad y menor volumen de ventas confirma “el agotamiento de la capacidad de compra de las familias y la debilidad del mercado interno”.
A pesar de algunos signos de estabilidad en los supermercados, el consumo masivo sigue sin repuntar. “La demanda no logra recomponerse plenamente y permanece por debajo de los niveles previos al inicio de la actual gestión”, advierte el relevamiento.
La tendencia se profundizó respecto del informe de mayo: según los datos de agosto, las ventas de autoservicios mayoristas se redujeron cerca de un dígito, una caída que el informe proyectaba y que confirma la persistente fragilidad del consumo interno.
La tarjeta de crédito, en este contexto, deja de ser un instrumento financiero para convertirse en un salvavidas temporal. Pero la contracara es preocupante: cada compra aplazada se transforma en un compromiso futuro que las familias ya tienen dificultades para afrontar.

