Con una matrícula de 300 estudiantes, la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) San José de Caraguatay no para de expandirse y, a la par, consolida el modelo educativo que promueve la producción sustentable y el arraigo rural.
“Tenemos la singularidad de albergar a alumnos de distintos puntos de la región. Además de los locales, estudian jóvenes de Montecarlo, Aristóbulo del Valle, Puerto Rico, Capioví e incluso de Posadas”, destacó el profesor Alberto Darío Ortiz, rector de la institución, en diálogo con Nuestro Agro, de Canal Doce. En sintonía con esta impronta inclusiva, la EFA gestiona también un aula satélite en la comunidad guaraní Perutí, ubicada en El Alcázar.
El corazón del proyecto pedagógico de las EFA es su sistema de alternancia, una metodología que combina el aprendizaje teórico dentro del aula con la práctica directa en las chacras o unidades productivas de las familias de los estudiantes.
Una oferta académica diversificada
En Caraguatay, la propuesta educativa va mucho más allá del trayecto secundario tradicional. “Ofrecemos dos formaciones profesionales, una en Informática y otra en Panadería, además de las carreras de Técnico en Laboratorio Químico Biológico y Técnico en Producción Agropecuaria”, detalló Ortiz.
El eje transversal de la institución es la producción sostenible, un concepto que llevan a la práctica diaria. “Apuntamos a la autosuficiencia, tanto para el autoconsumo interno como para la comercialización. Vendemos productos de apicultura y yerba mate, y abrimos talleres y aulas abiertas donde los alumnos trabajan codo a codo con los profesores, buscando garantizar la sustentabilidad del sistema en el tiempo”, manifestó el docente.
Agricultura regenerativa y tecnología aplicada
Se impulsa la agricultura regenerativa, el aprendizaje comunitario y también la incorporación de tecnología para lograr mayor eficiencia. Bajo esta premisa, la escuela desarrolla un modelo de yerbal sustentable mediante la implantación de cubiertas verdes y el uso de compostaje (elaborado con viruta y estiércol de los sectores porcino y avícola). Este abono orgánico mejora la estructura del suelo y su capacidad de retener nutrientes, lo que se traduce en un incremento directo de la productividad.
Uno de los proyectos más recientes e innovadores es la automatización de un gallinero inteligente. “Esta iniciativa surgió tras las capacitaciones que recibimos del Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones (SPEPM). Conocimos la tecnología y vimos la importancia de transferirla al territorio”, explicó el rector.
A través de un trabajo conjunto, docentes y estudiantes planificaron y ejecutaron el sistema de climatización del sector. El dispositivo cuenta con sensores que detectan variaciones de temperatura y luz ambiental, activando de forma autónoma cortinas o estufas según las necesidades del galpón. “Es un recurso de bajo costo y sumamente accesible que permite optimizar el tiempo y el espacio de trabajo”, enfatizó Ortiz.
Multiplicar conocimientos
Finalmente, Ortiz reivindicó el valor del intercambio de saberes entre el equipo docente y los alumnos, quienes en su mayoría provienen de zonas rurales.
“Aquí la vida cotidiana se divide entre la chacra y los espacios de formación; es un ida y vuelta constante. Coexisten los saberes académicos con la experiencia práctica que los chicos traen de sus hogares. Ese cruce de conocimientos es lo que nos permite crecer tanto como institución educativa y como comunidad”, concluyó.

